XVII

Paloma Palao

La sombra
se vuela sobre mi traje, lágrima
que en la tarde
se duele de mí. He dicho
dolor y sin embargo
no he dicho aún
la palabra precisa, la llaga
que se abra para morir, cicatriz
que cure.
mi sed —ya quizá— para siempre. Canta
la alondra en la tarde y la posesión
se resuelve
en cuello
que no alcanza, la extrema
matemática del círculo. La carne
se levanta sobre su límite,
ventana
tapiada que quiere la reja,
la barra de hierro, la plenitud
de la verdad. El manto de la cucaña
se agarra
a la hiedra y crece
la flor sobre el metal
que nadie arranca.
Todas
tus miradas son mi deuda, porque sé
que
vuelves sobre ti mismo, cada vez
miras. Aferrado
a
la desesperación, pasamos
los días
y
yo huelo
tu voz cuando te vas, pensando
cómo crece
la luz en los árboles, plato
sobre la luna
que empieza a morir

©  Paloma Palao, poema.
© Torremozas, editoral.
© Portada libro, imagen

Umar Jayyam: Cuartetas 411-430

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

411
Abrázate al dolor para curarlo,
no te quejes del mal y sanarás;
y da gracias al cielo en tu pobreza,
si quieres algún día ser muy rico.

412
En casa de un borracho encontré a un sabio
y le pedí noticias de los idos.
«Bebe, amigo», repuso, «porque muchos
se fueron para no volver jamás.»

413
Pido vino, unos versos, un instante
de paz y medio pan; si así pudiera
vivir contigo en un lugar en ruinas,
sería más feliz que los sultanes.

414
Que los cinco y los cuatro no nos turben,
entender uno solo es ya imposible;
somos de tierra y viento, ven, copero,
toca el arpa y escáncianos más vino.

415
Deja de hablar de Yasin y de Bérat,
haz que me sirvan vino en la taberna,
copero, pues aquel día será
cual la noche de Bérat para mí.

416
Abraza, mientras tengas sangre y huesos,
tu destino; no cedas al contrario
aunque sea Rustem, hijo de Zal,
y aunque sea Hatem-tai, no aceptes deudas.

417
Amas los labios de rubí y el vino,
el tamboril, las arpas y las flautas,
pero mientras no rompas lo que te une
a este mundo de aquí, no serás nada.

418
Haz algo bajo bóveda tan cruel,
bebe, que el mundo es muy calamitoso;
solamente eres tierra, mas compórtate
como estando en la tierra, no bajo ella.

419
Ya que conoces todos los secretos,
¿para qué torturarte vanamente?
Nada es como tú quieres, pero al menos
ahora que respiras sé feliz.

420
Si miro en torno a mí veo la hierba
del paraíso, el río de Kucer,
la llanura infernal se ha hecho celeste,
descansa con beldades celestiales.

421
Imita a los galandar, piensa sólo
en el vino, en el canto y en la amiga;
bebe, objeto de todas mis delicias,
bebe, y ya basta de decir bobadas.

422
¿Quieres vivir en paz y por un tiempo
librar el corazón de toda pena?
Bebe vino sin pausa, y cada vez
que respires la vida será hermosa.

423
El mundo es una casa de tramposos,
no cuentes con amigos; y no quieras
tus males remediar ni compartir
con nadie, sé feliz con tus congojas.

424
En dos cosas se fundan los más sabios,
y son revelaciones aún no escritas:
no hay que comer de todo comestible
y apartarse de todo lo que vive.

425
Pasa el zumo de agraz a vino amargo
después de ser muy dulce. Si una viola
puede hacerse con una podadera,
¿te extraña que con ella se hagan flautas?

426
¿Por qué cantan los gallos en la aurora?
Cantan para decirte que una noche
acaba de salir de tu existencia,
y que tú no lo sabes todavía.

427
Sirve vino color de tulipán,
sangre pura del cuello de este frasco;
exceptuando la copa, no conozco
otro amigo que tenga el alma pura.

428
Dame vino, oh copero, que la pena
me está oprimiendo el alma; dame el néctar,
que tal vez si me olvido de mí mismo
pueda olvidar los males de este mundo.

429
Sirve, oh copero, tus rubíes líquidos,
dame el reflejo de esta piedra noble;
acércame la copa incomparable,
que pueda dar a mi alma nueva vida.

430
Aunque seas más sabio que Aristóteles,
o emperador romano o de la China,
sigue bebiendo, que la muerte acecha;
aunque tú fueses Bahram, morirás.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Riccardo Gatti , Imagen.

Notas a las cuartetas

El mártir

Edith Södergran

El mártir es pálido.
Sus ojos arden.
Desde arriba os mira
compasivo.

Qué sabéis vosotros,
que pululáis aquí y allá
con feos movimientos,
sobre vuestro bien y vuestro mal
y lo que se siente al erguir libre la cabeza.

Absuelto está
ese a quien el mundo entero juzga.
El sol más puro
es la vasija más negra.

La capa abigarrada de la víctima
Se echa ligera a los hombros:
acaricias como terciopelo, como el más suave terciopelo
las galas de mi voluntad.

©  Edith Södergran, poema.
Premio Nacional a la Mejor Traducción a Neila García Salgado
© Nørdica libros, editorial
© Nicola  Samorí, imagen.

Umar Jayyam: Cuartetas 391-410

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

391
Tu ausencia misteriosa no se entiende,
¿y a ti qué más te da nuestra obediencia
o que pequemos? Ebrio estoy de culpas,
mas tu misericordia es mi esperanza.

392
Si bastara imitar para ser justo,
vivir sería una perenne fiesta;
sin vanas amenazas todo el mundo
vería realizados sus deseos.

393
¡Oh, rueda de los cielos, en mí ahogas
toda alegría, se transforma en agua
el aire que me orea, y en mi boca
conviertes agua pura en tierra seca!

394
Oh, corazón, olvida la inquietud
para ser solamente un alma pura;
el alto cielo habitarás entonces,
sin la vergüenza de morar aquí.

395
Alfarero, ¿hasta cuándo humillarás
al hombre al amasar su propio barro?
Pues trabaja tu torno con el dedo
de Feridun, la mano de Kay Josru.

396
¡Oh, rosa, eres igual a una beldad!
¡Oh, vino, me pareces un rubí!
¡Caprichosa fortuna, tan extraña,
y sin embargo creo conocerte!

397
La cocina del mundo sólo es humo.
Olvídate del ser y de la nada
que te inquietan y te hacen perdedor;
renunciar a tener es la ganancia.

398
A nadie perseguimos en su sueño,
haciendo que se quejen: ¡Oh, Dios mío!
Piensa que tu hermosura y tus riquezas
te las pueden quitar en una noche.

399
Si querías que yo me conociera,
¿por qué me has separado de mí mismo?
Si no pensabas ya en abandonarme,
¿por qué arrojarme en medio de este mundo?

400
Ojalá haya al final de este camino
un lugar de reposo, y la esperanza,
después de cien mil años, de nacer
de la tierra otra vez igual que hierba.

401
Leyendo el libro del amor oí
sabias palabras: «¡Oh, feliz aquel
a quien espera la más bella amiga
y una noche tan larga como un año!».

402
Pasan las estaciones, van cayendo
las hojas de la vida. Bebe, amigo,
que las penas del mundo son veneno
para el cual el antídoto es el vino.

403
Bebe junto a la amiga, oh corazón.
Basta de hipocresía. ¿Acaso sigues
la doctrina de Ahmed? Llena tu copa
en el río del cual Alí es copero.

404
Una copa de loza rompí anoche,
insensatez muy propia de un borracho;
creí oír a la copa: Fui lo mismo
que eres tú, y lo que soy serás un día.

405
Trae vino, copero, antes que el ángel
de la muerte se acuerde de nosotros;
gocemos con la copa de rubíes
de la dulce presencia de la Amada.

406
Levántate, oh copero, de la cama,
y escancia vino límpido, oh copero;
con nuestras calaveras harán cántaras,
pero antes en mi copa sirve vino.

407
Ver tanta hipocresía me fastidia,
ven, copero, y escánciame más vino;
cámbialo por turbantes y sadjadas.
Con más tino quizá razone entonces.

408
¿Qué trajiste al nacer? Piénsalo y piensa
lo que te llevarás. ¿No bebes vino
porque habrás de morir? Tanto si bebes
como si no, la muerte no perdona.

409
La puerta sólo Tú puedes abrirla,
indicarme el camino sólo Tú;
yo no daré la mano a nadie más,
pues mortales son todos, salvo Tú.

410
El odio inspira todas tus palabras;
soy ateo e impío, según dices;
soy como soy, lo reconozco, pero
¿quién eres para hablarme de este modo?

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta, Imagen.

Notas a las cuartetas

No, no pienso…

Ávaro de Campos

No, no pienso en nada,
y esa cosa central, que no es ninguna,
me agrada como el aire de la noche,
fresco al contrastar con el caliente verano del día.

No, no pienso en nada, ¡sí, qué bien!

Pensar en nada
es tener el alma al fin propia y entera.
Pensar en nada
es vivir íntimamente
el flujo y el reflujo de la vida…

No, no pienso en nada.
Sólo, cual si me hubiera recostado mal,
cierto dolor de espalda, o dolor de un lado de la espalda.
Hay amargor de boca ahí, en mi alma:
es que, a fin de cuentas,
de verdad que no estoy pensando en nada;
pero realmente en nada,
en nada…

© Fernando Pessoa, Poema.
© Abada editores, Editorial
© Dillon Samuelson. Imagen