Umar Jayyam: Cuartetas 301-330

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

301
Aunque bebo, yo no hago mal a nadie,
pues si alargo la mano es por la copa.
Adoro el vino, sí, ¿sabes por qué?
Por no adorarme, como tú, a mí mismo.

302
Te diré entre tú y yo lo que es el hombre:
un ser ruin amasado en triste barro.
Algo come en la tierra algunos días,
hasta que al fin se va y lo deja todo.

303
Mi lugar de oración es la tinaja;
bebiendo me hago digno de ser hombre;
y en la taberna al fin recuperamos
todo el tiempo perdido en las mezquitas.

304
De toda la creación somos el fin,
la esencia misma de lo que Dios ve;
el mundo es parecido a una sortija,
y nosotros su engarce bien labrado.

305
Nos inunda de júbilo el delirio,
alzamos la cabeza hasta los cielos.
Mas henos libres ya de nuestro cuerpo,
devueltos a la tierra, nuestro origen.

306
Si he comido durante el Ramadán
no ha sido por descuido, que el ayuno
me hizo tomar el día por la noche,
y creía estar siempre en el almuerzo.

307
Siempre estamos borrachos, sólo el vino
nos alegra la vida. Deja, pues,
tus consejos, oh necio penitente,
adoramos el vino sin cesar.

308
En esta primavera infringiré la Ley,
y en compañía de beldades
en la hierba echaré vino rosado,
y el prado será un campo de tulipas.

309
Cuando en mí la alegría resplandece
como el sol, me imagino en compañía
de beldades, tomando verde hachís,
antes de regresar bajo esta hierba.

310
Jamás gozamos de una gota de agua
sin que el dolor nos dé amargo brebaje,
ni sazonamos nuestro pan con sal
sin que ésta vuelva a abrir hondas heridas.

311
¡No hagáis ningún ruido en la taberna!
Vendamos el turbante y el Corán
para comprar más vino. Y si pasamos
por la escuela, que sea indiferentes.

312
A la taberna iré todos los días
junto con los hipócritas galandar.
¡Oh, Tú, que nada ignoras, dame fe
si quieres que me entregue a la oración!

313
Ya que nada me importa soy feliz.
No hay comida ni cena, soy feliz.
No hay nada en la cocina, mas tampoco
importuno con ruegos, ¡soy feliz!

314
Sigo atado a las cosas de este mundo,
insatisfecho y avezado a todo;
mas de este bajo mundo nada sé,
aunque tampoco sé nada del otro.

315
Cojo el Corán, con la otra mano bebo,
ya cumpliendo la Ley, ya violándola;
no somos, pues, bajo este cielo azul
ni infieles ni del todo musulmanes.

316
Saludad de mi parte a Mustafá,
y decidle: «Hachemita, con perdón,
¿por qué según la Ley el agrio dug
es lícito y el vino se prohíbe?».

317
Saludad de mi parte a Umar Jayyam,
y decidle: «Ignorante, ¿cuándo dije
que el vino prohibía? Que lo beban
los sabios, sólo al necio lo prohíbo».

318
Tú que ansias tener todos los bienes,
¿no piensas en aquel día terrible?
No olvides que algún día morirás,
mira lo que hace el tiempo con los otros.

319
Tú que resumes todo el universo,
que el eterno copero te dé vino,
y olvida las ganancias y las pérdidas
de este mundo y del mundo venidero.

320
Si algo sabes del círculo sin fin,
sabes que hay dos categorías de hombres:
los que en ellos distinguen bien y mal,
y los que nada saben de sí mismos.

321
Haz que el peso del mundo sea leve,
oculta a todos mis acciones malas;
haz que hoy sea feliz, dame mañana
lo que te dicte tu misericordia.

322
A quien conoce penas y alegrías
todo es lo mismo; el bien y el mal del mundo
han de acabarse, luego ¿qué me importa
que todo sea grato o doloroso?

323
Ya canta el ruiseñor, coge la copa,
que las rosas florecen exultantes;
en estos días véngate por fin
de todos los tormentos que has sufrido.

324
Mira la copa, está encinta de un alma,
como un jazmín que diese raras flores;
pero no es una copa, es agua diáfana
que está preñada de algún fuego líquido

325
Olvídate del mundo y sé feliz,
pasa alegre esta vida de un instante;
de ser siempre dichosos los demás,
tu turno de gozar nunca llegará.

326
Tú que no has visto aún amigos viejos,
que la rueda del cielo no te inquiete;
aprecia lo que tienes, y contempla
sereno los destinos de los hombres.

327
Tú sigue los consejos de Jayyam,
desaconseja, amigo, la oración
y también el ayuno, bebe vino,
roba si quieras, pero haciendo el bien.

328
El mundo es cuerpo, la justicia su alma,
los sentidos los ángeles, los seres
son sus miembros. Tal es la unidad eterna.
Y todo lo demás es sólo engaño.

329
Anoche en la taberna el ser amado
me dio una copa y me invitó a beber.
Le dije: «No, no beberé». Repuso:
«Bebe por el amor que yo te tengo».

330
¿Quieres que el mundo se someta a ti?
Pues fortalece tu alma sin cesar.
Comparte mi opinión: Bebe del vino
y olvida las zozobras de aquí abajo.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Nataly Kovilina, Imagen.

Notas a las cuartetas

El río

Ahmad Shamlú

احمد شاملو

Abandonarse al cauce del destino
y con cada canto rodado
dejar escapar un secreto.

¡Qué dulce es el susurro del río!

Bajar de la altura del propio orgullo
en picado desde la claridad altiva del autoencierro
con el grito de pánico propio de la caída

¡Qué glorioso es el estruendo de las cascadas!

Y hundirse cada vez más en el hondo tajo
y con cada roca
lanzarse a una pelea.

¡Qué leyenda es el río, qué leyenda!

©  Ahmad Shamlú, poema.
Fénix en la lluvia
© Ediciones del oriente y del Mediterráneo, editorial.
© Statisław Masłowski, imagen.

Umar Jayyam: Cuartetas 271-300

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

271
Baila, que haremos palmas, y bebamos
con beldades con ojos de narciso;
veinte copas nos dan dicha muy grande,
nadie es feliz del todo hasta sesenta.

272
Nada codicio, luego nada debo
a los hombres y a quienes no lo son;
un Amigo me ayuda, soy quien soy
nos bastamos los dos para vivir.

273
Me acongoja esta rueda de los cielos.
Lucho contra la vil naturaleza.
Mi ciencia no me libra de este mundo
ni sé vivir en él sin inquietudes.

274
¡Cuánta gente dormida en esta tierra!
¡Y cuántos ya devueltos a su seno!
Miro la nada y veo multitudes
que no han venido aún o que se fueron.

275
Eres clemente y no temo a mis culpas.
Tú darás provisiones para el viaje.
Blanqueará mi rostro tu bondad,
¿por qué voy a temer al libro negro?

276
No creas que le tengo miedo al mundo
o a morir. A la muerte nada temo,
ya que es una verdad. Sí tengo miedo
a que mi vida no haya sido buena.

277
¿Hasta cuándo seremos los esclavos
de cada día, ya viviendo un siglo
o unas horas tan sólo? Ven, bebamos,
que en un alfar acabaremos cántaras.

278
Yo estoy siempre borracho en la taberna,
tú, hipócrita, rezando e intrigando.
Bebiendo y en los brazos de mujeres,
me abandono a la ley de mis deseos.

279
La diadema del Khan y la corona
del Kay vendamos para oír la flauta,
el turbante y la seda por más vino,
el rosario que es arma del hipócrita.

280
Si el vino no fermenta en mi cabeza
me da el mundo su triaca venenosa.
Sí, las penas del mundo son veneno,
para él no hay más antídoto que el vino.

281
La injusticia nos hace enrojecer,
este insípido mundo nos consume.
Sé alegre, si eres hombre, que hoy es fiesta,
bebamos vino de color de rosa.

282
Lucho con mis pasiones, mas ¿qué hacer?
Me avergüenza el recuerdo, mas ¿qué hacer?
Ya sé que tu clemencia me perdona,
pero sabes lo que hice. Mas ¿qué hacer?

283
Alma mía, formamos un compás
con dos puntas, mas sólo con un cuerpo.
Ahora gira y un brazo traza un círculo,
pero un día ambas puntas se unirán.

284
Ya que estamos de paso por el mundo,
no renunciemos al amor y al vino.
¿Es creado o eterno? Cuando muera,
¿es que su antigüedad puede importarme?

285
Frecuento la mezquita por deber,
mas no voy a rezar; allí robé
un sadjada que ya está muy ajado;
por eso vuelvo allí un sinfín de veces.

286
Olvidemos las penas y ocupémonos
en beber vino de color de rosa,
que es la sangre del mundo; porque es justo
beber la sangre de nuestro homicida.

287
Por tu amor sufriré cualquier reproche
y el tormento mayor; y si sufriera
hasta el día del Juicio estas torturas,
se me antoja que el tiempo aún fuese corto.

288

Llegamos tarde al círculo del ser
y ya no somos dignos de ser hombres;
nos disgusta la vida, vale más
que acabe pues estamos hartos de ella.

289
Efímero es el mundo, dediquémonos
a la astucia, al placer y al claro vino.
«¡Dios no quiera!», me dicen. Mas si quiere
prohibirlo no voy a obedecer.

290
Cuando la muerte me tenga a sus pies
igual que un pajarillo desplumado,
con mi polvo haced frascos para el vino,
que con su olor reviviré un instante.

291
Advierto que los hombres se apoderan
de cuanto hay en el mundo sin ser dignos.
¡Oh, Todopoderoso, yo no encuentro
más que el envés de mi deseo en todo!

292
Yo soy el que más bebe en la taberna,
también el más rebelde ante la Ley,
y el que borracho por la noche grita
a Dios en mi maltrecho corazón.

293
¡Oh, cuántas noches sin que el sueño acuda
antes de separarnos! Respiremos
una vez más antes que aliente el alba,
que habrá más días cuando no respire.

294
Ven con tu copa llena, que amanece,
rompe el frágil honor como cristal;
olvida afanes vanos, que nos basten
largos cabellos y músicas de arpa.

295
Nos trae cada aliento nuevas penas,
por eso al soplo de la aurora ven
y vacía tu copa, pues habrá
muchos días cuando no respiremos.

296
Aunque fuese el más negro pecador,
tu clemencia no me iba a abandonar,
ya que lo prometiste. No me exijas
aún más males de los que ahora sufro.

297
Si soy borracho, pues lo soy. Infiel,
parsi o idólatra, pues sí, lo soy.
De mí que piensen todos lo que quieran,
me pertenezco y, sí, soy lo que soy.

298
Ebrio he vivido en todos los momentos,
y en la noche del kedre estoy borracho;
beso la copa, abrazo la tinaja,
con el frasco en la mano espero el alba.

299
Contemplo fascinado el vino límpido,
oigo tañer la flauta y el rubab;
si con mi polvo amasan una cántara,
ojalá siempre esté llena de vino.

300
De la nada y del ser algo conozco,
y de los pensamientos más profundos;
pero renuncio a todo este saber
si la embriaguez no es el supremo estado.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta, Imagen.

Notas a las cuartetas

Suplicio

Yan Jidao

晏幾道

Mucho, muchísimo he de viajar
para poder verte,
aunque sea en sueños.
Pocas, poquísimas son las cartas
que los mensajeros
me pueden traer.
Cuando nos dijimos adiós,
eran negros nuestros cabellos,
que la tristeza de la ausencia
ha teñido ahora de blanco.
Oh mi amor, mi cariño.
El día que estés de vuelta,
te diré cuánto he sufrido.
¡Qué suplicio es vivir separados!
¡Qué felicidad tenerte al lado!

©  Yan Jidao, poema.
© Cátedra, editorial.
© Museum of Fine Arts, Boston, imagen.