Despedida del hombre sin casa

Tu Fu

Solitaria desde la rebelión de Tianbao,
mi cabaña se ahoga entre espinos y zarzas.
Las cien familias de nuestra aldea
huyeron al este y al oeste sin lograrse acomodar.

De los vivos no tenemos noticias;
los difuntos se hicieron polvo y barro.
Vencido mi batallón, solo espero desprecios,
regreso buscando la antigua senda.

Solo encontrarán mis ojos callejuelas vaciás,
demacrado sol, aire desolado.
Zorros y lobos amenazantes,
de pelo erizado y furiosos aullidos.

De todo el vecindario, ¿a quién puedo evitar?
Solo dos o tres viudas me miran asombradas.
Aman los pájaros sus ramas y sus nidos;
¿Dejaré mi pobre albergue para volar más lejos?

Solitario en primavera cargo la azada sobre la espalda;
al atardecer riego con cuidado mis parcelas.
Descubre el oficial que estoy de regreso
y me obliga a ensayar el tambor.

Es bueno, sí, servir en el mismo destino,
pero no tengo quien sienta mi ausencia.
Al cuartel vecino dirijo mis pasos;
ausente y desconcertado viviré en adelante.

Arrasados mi hogar y mi aldea;
lejos de casa es lo mismo para mí.
Siempre atormentada, murió mi madre enferma;
cinco años hace fue arrojada a la cuneta.

¡Qué inútil me fue nacer y vivir en la tierra!;
mi madre y yo sufrimos sin respiro.
Sin hogar que sienta mi despedida,
¡ay, para qué pertenezco a la raza humana!

©  Tu Fu, poema.
© Hiperión, editorial
© Enric Mestre, imagen.
Tianbao, periodo del 742 al 755

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