Disolvente

Álvaro de Campos

La vecina del número catorce se reía hoy ahí, puesta en la puerta
de la cual hace un mes salió el entierro de su hijo pequeño.
Se reía de modo natural, con el alma en la cara.
Esta claro: es la vida.
El dolor no dura porque el dolor no dura.
Si, sin duda, esta claro.
Lo repito: está claro.
Mi corazón, en cambio, no lo está.
Mi corazón romántico hace enigmas sobre el egoísmo de la vida.

¡Esta es la lección, oh alma del hombre!
Si la madre olvida al hijo que salió de ella y se murió,
¿quien tomará el trabajo de acordarse de mí?
Estoy solo en el mundo, como un trompo que cae.
Puedo morir como el rocío se seca
por un arte sin duda natural de naturaleza solar.
Puedo morir de sobra por el desrecuerdo.
Sí, morir como nadie…,
pero duele,
y eso es indecente para aquel que tiene corazón…
Eso…,
Sí, se me queda en el gollete como un sándwich con lágrimas…
¿Gloria? ¿Amor? ¿El anhelo propio de un alma humana?
Apoteosis, pero del revés…
¡Dadme Agua de Vidago, quiero olvidar la Vida!

©  Fernando Pessoa, poema.
©  Abada Editoreres, edicción.
© Kiyoshi Saito, imagen

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s