Astillas

Esther Muntañola

No supimos nada hasta alcanzar el espacio abierto.
El cielo seguía igual, impasible. Limpio.
Habían talado los arboles del recodo.
Cambiaron el paisaje. El paisaje de los pájaros.
El que siempre se había conocido.
Al ver los tocones sentimos piedad y dolor.
Luego, el rencor, embarrando los ojos. Sabíamos
de quién era la finca. Quien había permitido
que se cortaran los robles. Así que teníamos todas
esas astillas en los ojos cuando cruzamos la calle y no quisimos
levantar la vista para no encontrarnos con ellos.

Juzgamos. Condenamos. Maldijimos. La ignorancia
es una historia vieja y osada. Así, nosotros y nuestra tristeza
en la que seguíamos viendo los árboles amputados.

El camino. Nuestro camino.
El camino que ya no volvería a ser. Tocones pelados.
Abierta la carne del árbol como una espalda humana.
Árboles que ciñeron el viento, el sol, la lluvia.

Es cierto. Mandaron talar los árboles.
Habían dado todo
de aval al hijo, y el hijo perdió todo.
Se habían quedado sin casa.

Volvieron a la aldea. Tuvieron que vender la madera
para salir adelante. Era largo el invierno.
Los árboles talados eran en ellos también herida.
Recordatorio. Y mucho más dolor.
En el nombre del hijo.

©  Esther Muntañola, poema.
De Libro de paisajes, inédito
© Bartleby Editores, Edición.
© Senju So, Imagen.

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