Adiós al ídolo

Pierre Clémenti

Llegó un día en que sentí que había que superar las palabras del poema, que esas palabras debían tomar cuerpo, convertirse en gestos, actos, y esa superación fueron para mí el teatro y el cine, la poesía de la vida.

Un salvavidas en el mar,
un cuarto de hotel en un tintero,
una cama con amigos.

Dulce voz de la calle que gime por las conquistas,
por las luchas del poder en los guetos de las ciudades,
¿cuántos son los suicidas?

¿Cuántos son esos a los que habéis devorado?
¿Creéis que el Principio de vuestros principios
perdurará?

Yo no lo creo. Yo sé lo que no sabía.
Seguiré el camino hasta la extinción de las llamas,
y el monólogo de la existencia,
del manicomio a la comunicación,
hasta el cine, arte de sobrevivir.

Me gusta el cine, me gusta la imagen que es la huella de lo que has olvidado, de esa parte de ti que has perdido. Muy rápido, en un instante, vuelves a ser el pariente de tu pasado. Yo fui ese hombre que corre a través de la pantalla. Y en el momento mismo en que interpretas ya eres ese que más tarde te verá. Creo que una película es un vínculo que te une a los otros tanto como a ti mismo, a lo que fuiste tanto como a lo que no eres, un lugar de encuentro entre hermanos que no se conocen y cuyos destinos el azar de una representación mezcla a través del tiempo y del espacio.

©  Pierre Clémenti, Todo el texto y poema.
De Algunos mensajes personales.
© Pepitas de calabaza, Edición.
© Francisca Pageo, Imagen.

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