La retórica del amor

César Simón

Ha viajado para verla,
se ha sepultado en pueblos fríos
para verla; pero nunca la ha amado, no la ha amado nunca,
la hubiera vendido por menos de treinta monedas,
allí en aquellas cámaras de aquella casa oscura,
en la terraza, esperándola,
recordando a Ibn Azán —¡Dios lo haya perdonado!—.
victima de invencible enfermedad literaria.
No la ha amado nunca, la ha perseguido siempre,
nunca le ha dicho la verdad, pero ha perdido dinero por ella,
ha gastado gasolina por ella,
ha pasado un frío tremendo por ella,
deseando marcharse cuando la había fornicado,
anhelando encontrarla cuando llevaba días sin hacerlo.
Era el guardia jurado de murallas y almenas
por las ciudades de cielos cárdenos
ni el helado corazón del invierno,
murallas, Ibn Azán, castillos derruidos,
sucios aledaños de pueblos,
vagones de la RENFE…
Pero que no se lo crea, no la ha querido nunca,
nunca.

©  César Simón, poema.
© Pre-textos, editorial
© Philippe Conquet, imagen.

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