La extraña

Suzanne Alaywan

Llevé el ataúd de mi infancia
sobre los hombros
y anduve en el funeral de mis sueños.
Me siguieron niños,
aves,
y mi sombra,
que se negó a ser sombra
de una niña muerta.
Llevé mi pequeño ataúd.
Mientras anduve encontré
corazones que desconozco,
caras que no recuerdo.
Anduve,
y nadie me reconoció.
El alba, como yo, es pálida,
y el verde río parece
el marchitarse de tus ojos.
La herida del sol
cuando sale
no se parece a nadie.
Los equipajes se parecen,
los billetes,
los aeropuertos,
y las noches de soledad a la sombra
de una extraña luna.
Las cartas de los amigos se parecen,
las lluvias de invierno,
las cafeterías, las tiendas,
las caras de la gente en la muchedumbre. . .
Extraña y sola, yo
no me parezco a nadie.

©  Suzanne Alaywan, poema.
© Ediciones del Oriente y del Mediterraneo, editorial.
© William Frederick Ritschel, Imagen.

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