Privilegiado espectador

Miguel Sánchez-Ostiz

No habrá pájaro que le muestre las bambalinas,
ni máscara que le conduzca al interior del decorado:
laberintos de espejos y sirenas atrapadas
en mares de pacotilla, en selvas de atrezzo,
y adivinadoras del porvenir, su suerte en mis manos.
Nadie le venderá el anillo que pudiera hacerle invisible.
A las puertas del teatro, en el centro de la noche,
cuando la ciudad y el tiempo son otros,
la repetición, exacta, de las escenas menos logradas
de la vida y milagros no muy edificantes
de un olvidadizo actor:
desertor de sus propios sueños,
simulador de heridas en el campo de batalla,
que con curiosidad mal disimulada,
vedlo ahí, al acecho, furtivo
no quiere perder detalle de la pantomima
espera a ver a quién suplantará en el amor
y quien a su vez se deslizará en su máscara.
Convidado de piedra, maquillado de blanco
albayalde por el miedo.
Protegido por la soledad de su palco
asiste mudo a los enredos, a las suertes bufas,
vuelve a ver sus trampas, sus engaños torpes,
sus compras amañadas,
moneda falsa, peso hurtado,
por conseguir una dudosa compañía
que al poco se volverá indeseable.
Antes de que caiga el telón ríe en falso sus torpezas.
Otros aplaudirán por él la excelencia de la farsa.

©  Miguel Sánchez-Ostiz, poema.
© Pamiela etxea, editorial.
© Lygia Pape, Imagen.

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