Por no naufragar

Miguel Sánchez-Ostiz

Por no naufragar pienso en aquellos balleneros
que doblaban, perdiendo trapo, obra muerta
y a menudo hombres, el helado Cabo de Hornos.
Valerosa gente que acudía fiel
a su cita con los mares australes
empecinada en pos de sus presas.
También pienso en los que no regresaban
de la Isla de la Desolación
con una paga en monedas contantes y sonantes,
pues a no otra cosa se reduce la aventura,
que iba a parar al fondo de arquetas historiadas
—a punta de navaja, nombres, fechas, rostros,
elementales azules, verdes y rojos,
para las escenas de la vida en el mar—
y más tarde a los mármoles y maderas
de quilombos, emporios, shipchandlers,
siempre una rápida moneda
y una lámpara pequeña, vacilante, un ruego
a Nuestra Señora de los Muertos.
Por no hundirme, ahí mismo, al cabo de la calle,
donde el desaliento pinta mares,
evoco piadosas imágenes
para ilustrar una nada edificante historia:
arponeros en la proa de la chalupa
aupados en la cresta de una ola
se aprestan al tiro. ¡Ey, arponero!
Escucho un fragor de agua, de vientos,
de desolación y de voces:
las precisas acusaciones
de la oscura zarabanda.
Por no naufragar, por no abandonarme
pienso en el regreso de los balleneros,
en el regreso de mis primeros y únicos héroes
yendo siempre de ningún sitio a ninguna parte.
Pienso en el regreso.

©  Miguel Sánchez-Ostiz, poema.
© Pamiela etxea, editorial.
© Zdzislaw Beksinski , Imagen.

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