XVII

Paloma Palao

La sombra
se vuela sobre mi traje, lágrima
que en la tarde
se duele de mí. He dicho
dolor y sin embargo
no he dicho aún
la palabra precisa, la llaga
que se abra para morir, cicatriz
que cure.
mi sed —ya quizá— para siempre. Canta
la alondra en la tarde y la posesión
se resuelve
en cuello
que no alcanza, la extrema
matemática del círculo. La carne
se levanta sobre su límite,
ventana
tapiada que quiere la reja,
la barra de hierro, la plenitud
de la verdad. El manto de la cucaña
se agarra
a la hiedra y crece
la flor sobre el metal
que nadie arranca.
Todas
tus miradas son mi deuda, porque sé
que
vuelves sobre ti mismo, cada vez
miras. Aferrado
a
la desesperación, pasamos
los días
y
yo huelo
tu voz cuando te vas, pensando
cómo crece
la luz en los árboles, plato
sobre la luna
que empieza a morir

©  Paloma Palao, poema.
© Torremozas, editoral.
© Portada libro, imagen

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