El río primaveral, en una noche de luna y frores

Zhang Ruoxu
張若虛 (660-720)

Natural de Yangzhou de la actual provincia de Jiangsu, trabajó como funcionario de baja categoría. Fue uno de los cuatro poetas que formaban el grupo que en su época llamaban «Cuatro literatos de Wuzhong». Se sabe muy poco de su vida y sólo dos de sus poemas han podido llegar a nuestros días. Pero uno de ellos, el que se lee abajo, aplaudido por los críticos de todos los tiempos, inmortalizó su nombre.

Con las crecidas primaverales,
se integra el río con el océano.
De las olas emerge
una luna brillante.
Sus rayos acompañan
al agua agitada
hasta el confín del mundo.
¿Qué río en primavera
no goza de la luna?

El río corre, abrazando
la campiña perfumada.
La luna argenta sus flores.
Se diría que la escarcha,
suspendida del espacio,
se funde con el albor
de la arena del islote.
La luna y el cielo,
plateados, límpidos.
Mas ¡qué soledad sufre ella
en el éter cristalino!

En las riberas del río,
¿quién vio la luna primero?
Y ésta, a su vez, ¿cuándo arrojó
su primera luz a los hombres?
Una tras otra,
las generaciones humanas
vienen y se van.
Año tras año,
la luna del río
siempre es la misma.
No sé a quién espera
con tanta paciencia.
Sólo veo que en el gran río
las aguas pasan presurosas.

Una nube blanca, sola,
flota hacia la lejanía.
En la orilla de Arces Verdes
reina una inmensa tristeza.
¿De quién es aquella barca
que en esta noche navega?
¿De quién es esta morada
en que se añora al ausente?
La luna ronda la casa
e ilumina el tocador.
Se enrolla la cortina de perlas,
mas la luna no se aleja.
Se golpea en la piedra de lavar*,
y no se logra tampoco ahuyentarla.

Los amantes separados
fijan entonces sus ojos
en el espejo celeste.
Quieren verse, pero en vano.
¿Remontar la blanca luna
para alumbrar al amado?
Mas ni los gansos silvestres,
en su vuelo prolongado,
pueden llevarle la luz.
Los dragones y los peces,
en sus esforzados saltos,
sólo logran levantar
unos rizos en el agua.

«Anoche soñé que las flores
se cayeron en los estanques.
Avanzada está la estación,
aún no puedo volver a casa.
Impetuosas aguas del río
se llevarán la primavera,
y también la flor de mi vida».
Sobre la orilla agoniza la luna,
que se atisba entre las brumas.
Inmensurable es la distancia
que el viajero debe salvar.
¿Quién pudiera cabalgar la luna
y retornar al hogar?
Ya se pone ella, la luna,
y de tristeza se llenan el río
y sus arboledas.

*En la antigua China se lavaba la ropa golpeándola sobre una piedra lisa y llana.

© Zhang Ruoxu, Poema.
© Guojian Chen, Introducción
© Cátedra, Editorial.
© Zhang Huan , Imagen.

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