Libros olvidados

Miguel Sánchez-Ostiz

De una manera casi física siento
la gravitación de los libros, el
ámbito sereno de un orden, el
tiempo disecado y conservado
mágicamente.
Jorge Luis Borges

Un universo de palabras oscurecidas.
Historias desvirtuadas de improbables,
olvidados naufragios,
(¿qué fue de aquel Alejandro Selkrik
abandonado en los Mares del Sur
a 33 grados 40 minutos
de latitud meridional?)
o de asombrados viajeros
que profanaron tumbas remotas
y salieron luego huyendo,
perseguidos sin fin
por el recuerdo de la fúnebre mascarada
que más tarde, y en busca de alivio,
confiarían a la leyenda.
Un confuso rumor de enloquecidas sombras
afanándose alrededor de la hoguera.
Tiempo de brumas o estiaje. . . qué más da.
Sobrevivieron, para su escarnio,
esos trazos de enfebrecida inquina —Damnatus—,
con el color del fuego y de la fosa.
Cabalgadas interminables
de clérigos locos o enmascarados
caballeros, decían,
aprestados al milagro o al festejo.
Sólo queda ese sueño —¿o es memoria?—
de estancias tapizadas en tela de araña.
Volcadas las jarras,
teñidas y vacías las tinajas,
se apagaron los cantos y las riñas.
Desapareció la comparsa.

© Miguel Sánchez-Ostiz, poema.
© Pamiela etxea, editorial.
© Su autor, desconocido, Imagen.

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