Umar Jayyam: Cuartetas 371-390

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

371
Aquí estamos reunidos los amantes,
libres de las angustias de este tiempo;
la copa de su amor hemos vaciado,
henos libres, tranquilos y borrachos.

372
¿Que has vivido feliz siempre? ¿Y qué?
¿Que el fin de tu vida ha llegado? ¿Y qué?
Tras cien años de dicha, por delante
aún tienes otros cien de vida. ¿Y qué?

373
¿Por qué el ciprés y el lirio tienen fama
de ser libres? Diez lenguas tiene el lirio
y jamás habla, y el ciprés cien manos
y no se alargan nunca para el hurto.

374
Dame, copero, el vino que es delicia
igual que una beldad, dame ese néctar
que encadena a los necios y a los sabios
para darles un dulce cautiverio.

375
Nuestra vida ha pasado sin provecho
haciendo lo prohibido y lo que mancha.
¡No haber hecho, oh Señor, lo que mandaste!
¿Y haber hecho las cosas no mandadas?

376
Que no te turbe el mundo y su inconstancia,
cede al vino y a las dulces caricias;
los que hoy nazcan mañana volverán
a la tierra y al seno de la nada.

377
Renuncio a todo, mas al vino nunca;
todo se olvida, mas el vino nunca.
¿Y si un día me hiciera musulmán
y renunciara al vino añejo? ¡Nunca!

378
Todos somos amantes y borrachos
en la taberna, ajenos por completo
al bien y al mal, y a toda reflexión.
No nos pidáis cordura, hemos bebido.

379
Porque confío en la bondad divina
renuncio a la obediencia y al pecado;
por ser bueno, Dios mío, tratarás
igual al que no ha hecho que al que ha hecho.

380
Tú diste a nuestro ser raras quimeras
e inspirándole cosas muy extrañas;
no puedo ser mejor de lo que soy,
puesto que así salí de tu crisol.

381
Hemos faltado a todas las promesas,
desdeñando la fama, buena o mala.
No me acuséis de ser un insensato,
pues nos embriaga el vino del amor.

382
Un trago vale más que un nuevo imperio,
más que lo que tenía Feridun;
y el ladrillo que cubre la tinaja
más que la diadema de Kay Josru.

383
Oh, corazón, nada sabrás del cielo,
nada de la verdad de los más sabios;
hazte aquí un paraíso con el vino,
porque al del otro mundo, ¿llegarás?

384
Los que nos precedieron, oh copero,
yacen ya bajo el polvo del orgullo;
escucha la verdad: viento es tan sólo
lo que ellos conquistaron, oh copero.

385
Sucio y envuelto en humos del infierno,
viene de lejos, ni hombre ni mujer,
y rompe nuestro frasco, vierte el vino,
como si hiciera una grandiosa hazaña.

386
Oh, corazón, si estás en el banquete,
has salido de ti y has vuelto a ti.
El vino de la nada te distingue
de los que son y de los que se fueron.

387
He frecuentado el vino embriagador.
¿Me hacéis reproches? ¡Ojalá causara
todo lo prohibido la embriaguez!
Ni sombra de cordura hubiera visto.

388
¿Por qué has roto mi cántara, Dios mío,
derramando mi vino, mi alegría?
¡Así se llene de tierra mi boca!
¿O es que estabas borracho, oh Dios mío?

389
De los cuatro y los siete eres el fruto,
y de ellos ya no sabes qué pensar;
bebe, ya te lo he dicho muchas veces,
cuando te vayas nunca volverás.

390
Nos rodeas de trampas y nos dices:
«Si caes en alguna morirás».
Tú las armas, y si alguien cae en ellas
le condenas a muerte por rebelde.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Edmund Dulac, Imagen.

Notas a las cuartetas

Interferencias bidireccionales

Fran Ignacio Mendoza

Interferencias bidireccionales
nos hostigan
siempre análogas y exactas.
No alteran el dial.

Resultados de meras vivencias
sumas de carestías
exiguas debilidades…
Sexos enardecidos
en oscuras antesalas
de inicuos incorpóreos
de tenues ambigüedades
que nos responsabilizan
o nos dan uniformidad.

Secuelas de intenciones
malogradas y extirpadas
términos en desuso
recluidos sin elección
en los cuartos sin tiro.
Cada vez más oprimidos.

Todo está confabulado
miente quien jura no mentir
se escurre quien promete dedicación
respuestas hostiles
hostias en contraste
y regularidad sutil.

Mercado de vísceras
y organismos caducos
suplantados por la mafia.
Arsenal de estratagemas
y resoluciones ocultas
a la ciudadanía.

Respuestas bidireccionales
evitando ejercitar ceses
privaciones jubileos
desempeños incompatibles.

Cuando en el eje capital
el ansia ocupa el primer puesto.
El ansia de poder.
El poder es el infierno aquí y ahora.

No hay que hacer tantos promedios.

© Fran Ignacio Mendoza, Poema.
© PiEdiciones, Editorial
© Su autor. Imagen

Umar Jayyam: Cuartetas 351-370

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

351
El nacer y el morir, ¿servirán de algo?
¿Qué quedará de nuestras esperanzas?
¿Dónde está el humo de esos hombres puros
que se consumen hasta hacerse polvo?

352
Tú, en cuyos labios hay agua de vida,
no permites besarlos a la copa;
beberé de la sangre de este frasco,pues,
¿cómo a un beso tal osa la copa?

353
Soy tu fruto, y cien años he vivido
gracias a tu clemencia y tu bondad;
si cien años viviera entre pecados,
¿contarían aún más que tu clemencia?

354
Coge el odre y la copa, oh, mi delicia,
y ve en busca de prados y de arroyos,
porque muchas beldades deslumbrantes
fueron odres y copas tantas veces.

355
Vendemos vino añejo y vino nuevo,
y el mundo por dos granos de cebada;
cuando mueras, ¿ya sabes dónde irás?
Dame más vino y vete a donde quieras.

356
¿Cuál es el hombre que no peca?,
dímelo. Sin pecar, ¿cómo habrá vivido?,
dímelo. Si obro mal y con males me castigas,
¿es que no hay diferencia entre Tú y yo?

357
¿Dónde está la de labios de rubíes?
¿Dónde el vino que da sosiego al alma?
El islam lo prohíbe, según dicen.
Bebe, no temas, ¿dónde está el islam?

358
Deja de lado cuanto no es placer,
bebe si escancia una beldad, mas piensa
que es mejor la embriaguez, el propio olvido:
un trago vale más que el universo.

359
Renuncia a la piedad y a los saberes,
arrímate al cabello de una amiga,
y con sangre de vid llena la copa,
que el tiempo ha de verter tu propia sangre.

360
Vive en paz, no te inquietes por el paso
del tiempo; cuando quede hecho jirones
lo que envuelve tu ser, ¿qué más dará
lo que hayas dicho o hecho o mancillado?

361
Tú que has obrado mal y que has buscado
refugio en Dios, jamás has de contar
con el perdón; porque ser pecador
y no haber hecho nada es casi igual.

362
Para tu vida cuenta sesenta años.
No des un paso sin estar borracho.
No abandones ni el odre ni la copa,
que harán una tinaja con tu cráneo.

363
El cielo me recuerda a una escudilla.
Se humilla más a quienes saben más;
más la copa y el frasco son amigos,
se besan, corre sangre entre los dos

364
Barrí con mi bigote la taberna.
¿Qué me importan el bien y el mal, dos bolas
que ruedan por la zanja en la que duermo
borracho, cual dos granos de cebada?

365
La gota de agua llora separada
del océano, y él ríe diciéndole:
«Lo somos todo, que otro Dios ya no hay;
sólo un punto invisible nos separa».

366
Tener o no tener no ha de inquietarme,
vivamos siempre alegres. ;Oh, copero,
llena otra vez mi copa, porque ignoro
si el aire que ahora aspiro exhalaré!

367
Que no te apene nada, no recuerdes
a los que ya se han ido, date a aquella
de dulces labios que es igual que un hada;
bebe siempre y no vivas para el viento.

368
No hables de ayunos, rezos ni mezquitas,
mejor ve a la taberna y emborráchate
bebe, Jayyam, que estás hecho de tierra,
y con ella harán copas y tinajas.

369
Entrégate al rosado vino, oh sabio,
pues de este modo cuando seas polvo
el viento llevará cada partícula,
impregnada de vino, a la taberna.

370
El céfiro hace abrir todas las rosas
y su belleza alegra al ruiseñor;
a su sombra descansa, que mil veces,
nacidas de la tierra, han vuelto a ella.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Ernst Herzfeld, Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 331-350

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

331
Que examinen los sabios este mundo
de polvo e inconstante corazón;
en él sólo verás dos cosas gratas:
el vino de rubí y los bellos rostros.

332
La rueda de los cielos, ese espejo,
que sólo favorece a los malvados,
llena de lágrimas mi cara, y llena
de sangre, como un frasco, el corazón.

333
Anoche, en compañía de una amiga,
la copa era una concha cuya perla
fulguraba de un modo que el heraldo
del sol se despertó y anunció el alba.

334
Olvida el día que ya te han quitado
y el día de mañana que aún no existe;
vive feliz ahora, en este instante,
y no arrojes así tu vida al viento.

335
¿No te avergüenza ser tan corrompido
e incumplir los mandatos de la Ley?
Aunque te apropies todas las riquezas,
¿acaso no tendrás que abandonarlas?

336
He visto a un solitario en el desierto;
ni musulmán ni hereje, sin riquezas,
sin Dios, verdad ni ley, sin certidumbre.
¿Tiene alguien más valor en este mundo?

337
Muchos cavilan sobre las creencias,
hay quien vacila entre certeza y duda,
mas de pronto alguien dice: «¡Oh,
ignorantes, lo que buscáis no está ni aquí ni allá!».

338
Hay un toro en el cielo entre las Pléyades,
y otro toro está oculto bajo tierra;
los que vivís en plena certidumbre,
mirad entre dos bueyes a esos asnos.

339
Bebe menos, me dicen. La razón
de que beba es el rostro de mi Amigo,
el vino matinal; dime si crees
que existe una razón más luminosa.

340
Si como Dios mandara en estos cielos,
otros cielos haría a mi manera,
a fin de que en el mundo el hombre libre
pudiese hacer feliz su corazón.

341
Mi pobre corazón maltrecho y loco
por mi amada está aún ebrio de amor;
mi parte de este vino la sacaron
de la sangre que llena el corazón.

342
Mejor beber y andar tras bellos rostros
que fingir devoción y ser hipócrita;
si quien ama y quien bebe va al infierno,
¿habrá quien quiera ir al paraíso?

343
Desdeña lo que dicen las coquetas,
mas de pulcra mujer acepta el vino.
Todos cuantos vivieron, ¿dónde están?
¿Sabes de alguno que haya regresado?

344
Que las cuitas no empañen la alegría
ni rompa la desdicha nuestro goce
lo que necesitamos es más vino,
una amada y sosiego de vivir.

345
Es hermoso gozar de buena fama,
vergonzoso quejarse de los cielos;
más hermoso embriagarse con buen vino
que jactarse de falsa devoción.

346
Perdona, Dios, mi pobre corazón,
y mi pecho, en que caben tantas penas;
mis pies, que a la taberna llevan siempre,
mi mano, que se alarga hasta la copa.

347
Oh, Dios, que sólo piense en ti, hazme libre
de mí mismo; conozco razonando
el bien y el mal, embriágame y que así
no entorpezcan mi vida estos saberes.

348
Trama girando el cielo nuestra muerte,
ven a sentarte en esta hierba, amigo,
que dentro de muy poco habrá otra hierba
nacida de mi polvo y de tu polvo.

349
Cuando nos deje a ti y a mí la vida,
pondrán ladrillos sobre nuestras tumbas;
luego para cubrir las tumbas de otros
harán con nuestro polvo más ladrillos.

350
Se igualaba a los cielos su palacio
donde vivieron incontables reyes;
en medio de sus ruinas, una tórtola
he visto que gritaba: «¿Dónde están?».

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Pergamon Museum / Vorderasiatisches Museum, Imagen.

Notas a las cuartetas

La jeunesse blanche

Constantino Cavafis

                                                      Nuestra amadísima, blanca juventud,
                                                      ¡ah nuestra blanca, inmaculada juventud,
                                                      sin barreras y a la vez tan breve,
                               extiende sobre nosotros sus alas como un arcángel!…
                                                      Por entero se consume, por entero ama;
desfallece y se esfuma en los horizontes blancos.
¡Ay, allí va y se pierde en los horizontes blancos,
                                                      se va para siempre!

                                                      Para siempre, no. Volverá,
                                                      regresará, volverá.
                               Con sus miembros blancos, su gracia blanca,
                               llegará nuestra blanca juventud a poseernos.
                                                      Con sus manos blancas nos tomará,
y con la blancura de un tenue sudario,
con la blancura de un blanquísimo sudario
                                                      nos cubrirá.

©  Constantino Cavafis, poema.
-Poemas inéditos-  Enero 1895
© Almuzara, editorial
© Russell Lee, Fotografía.