Retorno al campo

Tao Yuanming 陶淵明

I

De niño, sin ambiciones mundanas
sentía un gran apego a las montañas.
Más tarde, caí desgraciadamente
en el lazo de este vanidoso mundo
que me ha retenido por tantos años.

Los pájaros enjaulados añoran
los nidos que tenían en el bosque.
Los peces de los acuarios
echan de menos el inmenso mar.
Por fin he regresado a mi finca,
y estoy aquí, como labrador,
roturando los campos yermos del sur.

Tengo poca tierra
y unas cuantas chozas.
Olmos y sauces dan sombra a mi casa.
y veo peras y melocotones
que crecen enfrente de la ventana.
A lo se perciben
ruidos y voces de un pueblo.
De cerca veo tenues humos,
que se elevan sobre las chimeneas.
Un perro ladra al fondo de la calle,
y un gallo canta sobre una morera.
En mi casa todo es tranquilidad.
He dejado para siempre jamás
aquella vida enjaulada,
y logré volver al YO de verdad.

II

La campiña. Poca gente.
Callejuelas. Escasos coches.
De día, cerrada mi puerta de ramas.
De noche, ante el vino, lejos del mundo.
De vez en cuando, en medio de las hierbas,
me encuentro con labriegos.
Conversamos, sólo sobre moreras y cáñamos,
que crecen día a día.
Es muy grande mi finca.
Sólo temo que caiga escarcha y nieve,
dejando todo en ruinas.

III

He sembrado yo judías
al pie del Monte Mediodía.
Crecen sólo escasos brotes,
y abundan malas hierbas.
Al alba salgo a escardarlas.
Con el azadón al hombro,
regreso acompañado de la luna.
Angosta es la senda,
y altos los abrojos.
El rocío vespertino
me moja la túnica.
Mas nada de esto me importa.
Lo único que quiero
es hacer lo que me gusta.

V

Solo y angustiado,
bastón en mano,
regreso por un sinuoso sendero.
Un arroyo límpido, poco hondo.
Mis pies jugando con su agua.
Vino recién fermentado
y un pollo en la mesa,
invito a los vecinos.

Se pone el sol y oscurece.
En lugar de velas
enciendo unas leñas.
Viene la alegría.
Se va la noche,
que ha sido muy corta.
De nuevo raya la aurora.

© Tao Yuanming, poema.
© Cátedra, editorial
© Koxmonahuta, imagen.

Canto XLV

Ezra Pound

Con la Usura

Con la usura ningún hombre tiene casa de buena piedra
cada bloque de corte pulido y calce perfecto
para que le puedan cubrir la faz con diseños,
con la usura
hombre alguno tiene un paraíso pintado en la pared de su iglesia
harpes es luz
o donde la virgen reciba anunciaciones
y la aureola se proyecte de la incisión,
con la usura
ningún Gonzaga llega a ver a sus herederos y sus concubinas
Los cuadros no se pintan para que perduren o se disfruten
sino para vender, y vender pronto
con la usura, pecado contra natura,
tu pan está hecho de trapos mustios,
tu pan es de papel secante,
sin trigo de montaña, ni harina generosa
con la usura la línea se hace gruesa
con la usura no hay clara demarcación
y ningún hombre encuentra sitio para su morada.
El pedrero se ve apartado de la piedra
el tejedor de su telar
CON LA USURA
la lana no llega al mercado
la oveja no deja ganancia con la usura
Usura es un miasma, usura
embota la aguja en la mano de la doncella
y entorpece la pericia de la hilandera. Pietro Lombrado
no surgió por la usura.
Duccio no vino por la usura
ni Pier della Francesca; Zuan Bellin’ no por la usura
ni se pintó «La Calunnia».
No surgió de la usura Angélico; no surgió Ambrogio Praedis,
No surgió iglesia de piedra sillar, ñrmada: Adamo me fecit.
No por la usura St. Trophime
No por la usura Saint Hilaire,
La usura oxida el cincel
Oxida al artesano y la artesanía
Corroe la hebra en el telar
Nadie aprende a urdir oro en su trama,
El azur tiene un chancro por usura, el carmesí queda sin bordar,
La esmeralda no encuentra a su Memling
La usura liquida al hijo en el vientre de su madre
Impide al joven cortejar a su amada
Ha traído la parálisis al lecho, yace
entre la novia joven y su desposado
                        CONTRA NATURAM
Han traído rameras para Eleusis
Los cadáveres se sientan al banquete
por mandato de la usura.

N. B. Usura: Cargo por el uso de poder adquisitivo, cobrado sin considerar la productividad, y a menudo sin tener en cuenta las posibilidades de producción. (De allí el fracaso de la banca Medici).

© Ezra Pound, canto.
© Sexto piso, Editorial.
© Porada del libro, Imagen.

Letanía para la supervivencia

Audre Lorde

Para las que vivimos en la orilla
sobre el filo constante de la decisión
cruciales y solas
para las que no podemos disfrutar
los sueños pasajeros de la elección
que amamos en umbrales yendo y viniendo
en las horas entre amaneceres
mirando dentro y fuera
a un tiempo antes y después
buscando un ahora que pueda criar
futuros
como pan en las bocas de nuestros hijos
para que sus sueños no reflejen
la muerte de los nuestros;

Para las que
nos fue marcado el miedo
como una leve línea en el centro de la frente
aprendiendo a temer ya con la leche materna
pues por esta arma
la ilusión de encontrar seguridad
los de torpes pies esperaban silenciarnos
Es para nosotras
este instante y este triunfo
Nunca se esperó que sobreviviéramos.

Y cuando sale el sol tememos
que no se quede
cuando el sol se pone tememos
que no salga por la mañana
cuando el estómago está lleno tememos
la indigestión
cuando el estómago está vacío tememos
no volver a comer nunca
cuando nos aman tememos
que el amor se desvanezca
cuando estamos solas tememos
que el amor nunca vuelva
y cuando hablamos tememos
que nuestras palabras no se oigan
ni sean bien recibidas
pero cuando callamos
aún tememos.

Así que es mejor hablar
recordando
que nunca se esperó que sobreviviéramos.

© Audre Lorde, poema.
© Torremozas, editoral.
© Christina Ramberg, imagen

El abismo

Tu Fu -杜甫-

En el precipicio verde, lleno de misterios
prodigios fantasmales entre tinieblas.
Dragones agazapados en el fondo de las aguas;
sus grutas se encuentran a cien mil pies.

Paso a paso, bajamos la escarpada ladera;
de costado, nos arrastramos entre neblina.
Ante nosotros, amplias ondas en movimiento;
detrás, se empinan altos peñascales grises

El sendero vertiginoso es casi invisible.
sus bordes se juntan entre dos precipicios
Rugosa superficie se lanza en picado
trémulas sombras se reflejan en remolinos y corrientes.

La zona obscura ha de ser la bahía cercana al fondo
y los reflejos rotos, vibrantes resplandores.
Una nube solitaria se cierne sobre el profundo,
atravesada de punta a punta por un vuelo de ave.

Cortina de lianas cae de las alturas,
troncos petrificados figuran muralla de banderas.
Torrentes de aguas remotas alimentan el lago,
se incrustan en cavernas que devoran e inundan.

Nadie conoce esta región extraña;
somos, tal vez, los primeros en explorarla
Es tiempo de volver, ¡lástima!
Fue la mejor excursión de mi vejez.

El dragón descansa acariciándose las escamas,
insensible e incapaz de moverse entre las rocas.
Habrá que venir cuando el sol apriete,
para admirarlo elevándose como tromba.

© Tu Fu, poema.
© Hiperión, Editorial.
© Jet Martinez., Imagen.

Las flores del mes

Ramón Irigoyen

(Homenaje a Luis Buñuel por la primavera de su Viridiana)

I

Mucho me temo que me he de morir
sin el placer de haber asesinado a alguien.
En el mejor de los casos me suicidaré:
y puede ser que ni siquiera a esta pequeña audacia me atreva.

Escribo esto en un hermoso día de sol
y bastante enamorado (y correspondido) de dos frescas amantes.
¿Os imagináis mis elucubraciones cuando empiece a nevar
y al amor tenga que declararlo prófugo.
Reconozco que tengo alma de mal agüero.

El mal agüero arranca de mi vida fetal.
Yo tuve mucha prisa por nacer.
Sé con seguridad —un tanto incierta—
que nací, como diría un romántico,
de ocho escasas lunas melladas,
Y con esos comienzos
uno a lo más puede nacer agonizante.

Clarividente como una luciérnaga
mi hermano gemelo prefirió nacer muerto.
Pero me hizo tanto bien con su dulce contacto
que a veces pienso que él no quiso morirse
sino que el que lo ahogó fui yo.
Y digo esto no por complejo de Caín o para impresionar
sino porque le quise mucho
y el amor —por lo menos el mío—
siempre ha desembocado en la aniquilación.
(No hay que hacer caso
de esta torpísima generalización).

En nuestro abrazo de estival brisa marina, hermanito de seda
se me empezó a desarrollar el tacto.
A tus abrazos debo;
que hasta el más leve roce lo perciba hoy.

Hermanito de musgo, sol y arena,
perdona o, tal vez, agradéceme la asfixia
de aquel amor a muerte entre los dos.
Tu me acostumbraste al horno de la compañía
y a esta necesidad furiosa de besar.

En aquellos meses de cariño a oscuras
se me debió de fraguar el cóctel
de pánico, lujuria y satanismo
que me envenena y quizás salva
y que después estimulado por la idiotez humana
por mi fervorosa lectura del marqués de Sade
me puso al borde de matar.

II

“Matar, y nada más: es el orgasmo de Dios”,
me dictaba este marqués
—que, por cierto, era solo conde—,
“el crimen es la higiene integral”.
Pero nos asedia tal batallón de jueces
y nuestros instintos aman tanto las impurezas
y hasta la suciedad
que casi todos nos morimos sin conocer la ducha.

Sólo una vez intenté asesinar.
Y fracasé: aquella amante aún sigue viva.
Lo hice por cansancio, lujuria y deseo de mal.
En el último instante su voz me desarmó:
— ¡Cabrón, me quieres matar!
Me contagió el miedo de sus labios
y claudiqué asintiendo:
Sí, te quiero, te quiero matar!
Y tiré la navaja que nos pudo salvar.
(Y soltó un juramento el conde de Sade).

El amor de los dioses
busca su ruina en el placer.
No lo hice
ni queriendo ni sin querer.
Sólo se mata —o no se mata—
por necesidad, señor juez.
(Pero un señor tan decente
no puede creer en el azar.)

Y desde aquel fracaso del que tantome alegro
dicen que los mendigos cantan,
las nubes se levantan
y yo sigo mi ruta atado a un perro
como un carro que nunca comió arroz,
Y yo sigo mi ruta atado a un perro
como un carro que nunca comió arroz.

En el arroz sin leche de mi adolescencia
fui tan consecuente con mis principios católicos
que la Virgen me premió mi continencia con una ulcera de duodeno.

Pero estrangule a Dios y desde entonces
no he vuelto a estar enfermo.
Liquidé lacerrilidad de mi castidad.
Y el día que me unté la cara con sangre de menstruo
comprendí por qué los poetas epicúreos
siempre terminan jugando al tute con la prima Vera.

Sólo he tenido maestros idiotas:
doscientos papas y el divino Conde de Sade.

© Ramón Irigoyen, poema.
© Visor, editoral.
© Agus Suwage, imagen