La partida

Názik Al-Malaika
نازك الملائكة

Adiós a todos los dolores y penas
de este mundo inteligente e intenso,

fuisteis tragedia en mi ficticio corazón,
y mañana seréis el secreto de mi vida.

Os amaré, oh lágrimas y tristezas mías
mientras siga en esta hermosa existencia.

Acompañadme en este mundo ya esté viva
o cuando llegue la hora de mi partida.

Pero, vida mía, en esta tierra,
vive al capricho del tiempo.

Iza aquella vela y navega
y canta como pidan las melodías.

Y si, algún día, sopla el viento de la muerte,
y la mano del juicio agita la vela,

sonríe a las olas con los ojos cerrados
y di: «Adiós, oh canciones mías»

Así llega el barco, oh poeta de la pena,
a su eterna costa,

a aquella costa velada y ambigua, la costa de la muerte
la costa de los secretos y la inspiración.

© Názik Al-Malaika, poema.
© Ediciones del oriente y del Mediterráneo, editorial.
© Víctor M. Alonso, imagen.

Horizonte Perdido

Ilhan Berk

Escribi mi tedio en miles de rollos de tela
Ahora mis manos están en un barco que navega por un mundo
por un mar sucio
Un ferrocarril un prado un cielo salen a tomar el aire
          los veo
Cuando yo paso florece una rama en la ventana de una casa
Una mujer se desnuda veo sus senos su vello sus partes
          más negadas
Veo dentro de los ojos de un niño los mares
         subir y bajar
Ya estamos otra vez en el mundo, en el mundo con lo vulgar,
        con la suciedad juntos en el mundo
Miramos los peces en el agua nos sacamos los ojos
         y los damos a los peces
No tenemos nada que no se pueda dar
Desde el mismo sitio besamos a una mujer desde el mismo sitio
          contemplamos el mar
Otra vez estoy contigo comprendo que no hay tedios amores barrios
          argelinos cielos sicilianos que no se puedan vivir contigo
Pasan barcos desde lejos nadie intenta subir a ellos ni bajar,
          no se ve a nadie, no veo a nadie

En un horizonte perdido
Grito grito.

© Ilhan Berk, poema.
© Ediciones del oriente y del Mediterráneo, editorial.
© Su autor o autora, imagen.

El río primaveral, en una noche de luna y frores

Zhang Ruoxu
張若虛 (660-720)

Natural de Yangzhou de la actual provincia de Jiangsu, trabajó como funcionario de baja categoría. Fue uno de los cuatro poetas que formaban el grupo que en su época llamaban «Cuatro literatos de Wuzhong». Se sabe muy poco de su vida y sólo dos de sus poemas han podido llegar a nuestros días. Pero uno de ellos, el que se lee abajo, aplaudido por los críticos de todos los tiempos, inmortalizó su nombre.

Con las crecidas primaverales,
se integra el río con el océano.
De las olas emerge
una luna brillante.
Sus rayos acompañan
al agua agitada
hasta el confín del mundo.
¿Qué río en primavera
no goza de la luna?

El río corre, abrazando
la campiña perfumada.
La luna argenta sus flores.
Se diría que la escarcha,
suspendida del espacio,
se funde con el albor
de la arena del islote.
La luna y el cielo,
plateados, límpidos.
Mas ¡qué soledad sufre ella
en el éter cristalino!

En las riberas del río,
¿quién vio la luna primero?
Y ésta, a su vez, ¿cuándo arrojó
su primera luz a los hombres?
Una tras otra,
las generaciones humanas
vienen y se van.
Año tras año,
la luna del río
siempre es la misma.
No sé a quién espera
con tanta paciencia.
Sólo veo que en el gran río
las aguas pasan presurosas.

Una nube blanca, sola,
flota hacia la lejanía.
En la orilla de Arces Verdes
reina una inmensa tristeza.
¿De quién es aquella barca
que en esta noche navega?
¿De quién es esta morada
en que se añora al ausente?
La luna ronda la casa
e ilumina el tocador.
Se enrolla la cortina de perlas,
mas la luna no se aleja.
Se golpea en la piedra de lavar*,
y no se logra tampoco ahuyentarla.

Los amantes separados
fijan entonces sus ojos
en el espejo celeste.
Quieren verse, pero en vano.
¿Remontar la blanca luna
para alumbrar al amado?
Mas ni los gansos silvestres,
en su vuelo prolongado,
pueden llevarle la luz.
Los dragones y los peces,
en sus esforzados saltos,
sólo logran levantar
unos rizos en el agua.

«Anoche soñé que las flores
se cayeron en los estanques.
Avanzada está la estación,
aún no puedo volver a casa.
Impetuosas aguas del río
se llevarán la primavera,
y también la flor de mi vida».
Sobre la orilla agoniza la luna,
que se atisba entre las brumas.
Inmensurable es la distancia
que el viajero debe salvar.
¿Quién pudiera cabalgar la luna
y retornar al hogar?
Ya se pone ella, la luna,
y de tristeza se llenan el río
y sus arboledas.

*En la antigua China se lavaba la ropa golpeándola sobre una piedra lisa y llana.

© Zhang Ruoxu, Poema.
© Guojian Chen, Introducción
© Cátedra, Editorial.
© Zhang Huan , Imagen.

Umar Jayyam: Y Cuartetas 451-464

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

451
Bebe, amigo, que el vino hace sudar
a las bellas de Rhei, las más hermosas;
yo siempre he roto todas mis promesas,
pero jamás un cántaro de vino.

452.
Tengo vino, aquí está mi bienamada,
yo la renuncia de Nessuh no haré;
la historia de Noé no la repitas;
trae, oh copero, vino que me calme.

453
No sé ni cómo unirme a ti ni cómo
vivir lejos de ti ni un solo instante.
¿A quién puedo contar estos tormentos?
¡Qué extraño mal y qué pasión tan dulce!

454
Esta es la hora del vino matinal,
bebamos a pesar de oír la voz.
En un momento así, ¿habrá que rezar?
Silencio, no hables de piedad, bebamos.

455
Oigo la voz de la mañana, oh ídolo
que me haces tan feliz; canta y bebamos,
porque el paso de tir al mes de di
ha derribado a muchos Djem y Kay.

456
No seas descortés con los que beben,
no tengas mala fama entre los sabios,
y bebe, pues ya bebas ya no bebas,
si has de ir al infierno irás allí.

457
Ojalá Dios reconstruyera el mundo
porque podría verle trabajando;
le pido que me borre de la vida
o su arcano tesoro me haga rico.

458
Oh, Dios, dame el puchero, que no tenga
que deberlo a tus otras criaturas;
embriágame con vino y que así olvide
todo saber, y mis tormentos cesen.

459
¡Oh, tú, que eres tan digno del infierno!
¿A Dios le pedirá que a Umar perdone?
¿Qué relación hay entre Dios y tú?
¿Cómo osas enseñarle a ser clemente?

460
No sé vivir sin vino. Soy esclavo
del delicioso instante en que el copero
dice: «Toma una copa más», y yo,
borracho, ya no puedo ni cogerla.
461
Agradezco al copero que aún me quede
este soplo de vida. Un men de vino
ha sobrado de anoche, mas ignoro
el tiempo que aún me queda por vivir.

462
¿Por qué quien tiene un pan para dos días
y un odre roto con un poco de agua,
tiene que obedecer a un inferior
o servir a quien es sólo su igual?

463
Desde el día en que Venus y la Luna
surgieron en el cielo, nadie ha visto
nada mejor que el vino. El tabernero,
¿comprará algo mejor que lo que vende?

464
Los sabios y virtuosos convertidos
en antorcha del mundo no salieron
de esta lóbrega noche. Algunas fábulas
contaron y volvieron a dormirse.

Introducción de Juan Vernet sobre las Cuartetas

La forma métrica del rubaf (“cuarteta” o “cuarteto”) aparece en Turquestán en el primer milenio de nuestra era y desde allí se extiende al resto del mundo. Ahora bien, dado lo sencillo de su estructura, es posible también que haya aparecido, de modo independiente, en distintos lugares del planeta muy alejados entre sí. Lo mismo da. Cuando se habla de cuartetas refiriéndose a las literaturas orientales, todo el mundo piensa en Persia y en el célebre poeta Umar Jayyam, personaje rabiosamente histórico por lo que toca a su talento como matemático, pero fantasmagórico como autor de las cuartetas que se le atribuyen. De hecho, para Occidente, éstas sólo existen desde mediados del siglo pasado, gracias a la traducción inglesa que de las mismas hizo Edward FitzGerald. Es lo mismo que ocurrió con Las mil y una noches, «descubiertas« por Galland: la fama de que hoy gozan en Oriente las Cuartetas persas la deben a la propaganda occidental que de las mismas hicieron, de modo indirecto, ingleses y franceses, que sometieron a su autoridad a medio mundo.
Su fácil manejo hace a la cuarteta apta para expresar todo tipo de ideas susceptibles de ser encerradas en el pequeño molde que ofrece su estructura y que los poetas orientales han sabido explotar hasta la saciedad. Mil veces considerada muerta, ha renacido de sus cenizas siglos después o a miles de kilómetros de distancia, en cualquier lugar, gracias a los contactos constantes entre las culturas persa, turca, árabe, etc. Pues el fenómeno de hibridación entre dos o más culturas, tan característico de la España medieval, tiene lugar allá donde dos lenguas, dos literaturas, dos civilizaciones están en íntimo contacto.
Se ofrecen en esta edición, en versión de Carlos Pujol, las 464 cuartetas atribuidas a Umar Jayyam y traducidas en su día al francés por J. B. Nicolas (París, 1867). Aunque menos literaria que la de Fitzgerald, la traducción de Nicolas es sin embargo mas fiel al original y cuenta con amplificaciones interpretativas de los versos.

© Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Portada del libro , Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 431-450

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

431
He visto en un alfar que modelaban
los cuellos y las asas de tinajas;
los unos con cabezas de cien reyes,
las otras con los pies de los mendigos.

432
Si sabes elegir, elige el éxtasis,
bebe con los eternos bebedores;
pero siendo ignorante no podrás
gozar de las delicias que procura.

433
Ídolo, mientras vivas bebe vino,
y antes que con mi polvo y con tu polvo
modele el alfarero otras tinajas,
llena una copa, bebe y dame vino.

434
Amiga, mientras puedas ven y alivia
el dolor de este amante corazón,
que tu belleza no va a ser eterna:
la perderás un día, como todas.

435
La copa de la muerte va a embriagarte,
te harán caer las vueltas que da el tiempo,
pero antes haz acopio en este mundo,
con las manos vacías no te vayas.

436
Das la vida y la muerte, Tú gobiernas
esta rueda sin orden de los cielos;
soy tu esclavo, aunque malo; ¿quién es, pues,
el culpable? ¿No eres Tú el creador?

437
Oh, mi rey, ¿puedo sólo contemplar
las rosas, este vino y estas danzas?
¿No es mejor un jardín con vino y flautas
que todo el paraíso y sus huríes

438
¡Cómo brilla la luz, la luna, el vino,
las beldades de rostro de rubí!
No recuerdes la tierra a un corazón
de fuego, no lo aventes, trae líquido.

439
Oh, vino reluciente, estoy tan loco
que te voy a beber hasta que puedan
confundirme contigo desde lejos,
diciéndome: «¿De dónde vienes, vino?».

440
¡Bienvenida, oh reposo de mi alma!
Aquí estás y no creo lo que veo.
Por el amor de Dios, más que por mí,
bebe hasta que no sepas ya quién eres.

441
Un jeque dijo un día a una ramera:
«Te emborrachas y vas de mano en mano».
Ella repuso: «Soy lo que tú dices,
pero ¿eres tú lo que pareces ser?».

442
Cuando duermo borracho, ¿qué me importa
que el mundo gire y gire en el vacío?
Por una copa anoche el tabernero
me retuvo y decía: «¡Vaya prenda!».

443
Tan pronto oculto como manifiesto
en todo, para ti sólo produces
estos portentos, siendo el espectáculo
a la vez que tu propio espectador.

444
Poblar toda la tierra vale menos
que alegrar cualquier alma que esté triste;
someter con dulzura a un hombre libre
más que dar libertad a mil esclavos.

445
Te dicen que si bebes sufrirás
los tormentos de aquel que arde en el fuego;
mas cuanto hay en el mundo y en el otro
no vale la alegría que da el vino.

446
Si te complace entristecer a quien
felizmente vivía, considérate
el más necio de todos. Sé infeliz,
eres un ignorante singular.

447
Cuando puedas tener dos mens de vino,
bebe sin vacilar, pues de este modo
te librarás de ver tristes bigotes
como los tuyos, o de ver mi barba.

448
Un pan, dos mens de vino y una pierna
de cordero en algún lugar en ruinas,
con una bella joven, ¡qué placer!
No todos los sultanes tienen eso.

449
Malo te llamarán si tienes fama,
intrigante si vives retirado;
aunque seas Elias o san Jorge,
que nadie te conozca, ni tú a nadie.

450
De ser libre y no esclavo del destino,
ajeno al bien y al mal que hay en el mundo,
hubiese preferido no nacer,
y no tener un día que morir.

© Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta , Imagen.

Notas a las cuartetas