Umar Jayyam: Cuartetas 181-200

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

181
Un men cabe en la copa, pero entonces
dos copas beberé; antes tres veces
con la fe y la razón habrá divorcio:
me casaré con la hija de la vid.

182
Bebo vino, y cualquiera sabe bien
que a Dios nada le importa. Dios lo supo
toda la eternidad, y si no bebiese
simple ignorancia fuera su presciencia.

183
Se arruina quien bebe, y la embriaguez
es madre del escándalo. Esmeraldas
pondré en mi vaso de rubí balaje
para cegar la sierpe de mis penas.

184
Hay quien nunca pasó una noche en vela
buscando la verdad, ni ha dado un paso
saliendo de sí mismo, y luce galas
insultando a quien es irreprochable.

185
En el alba de azur coge tu copa;
dicen que es muy amarga la verdad
en boca de los hombres, y por eso
gustamos la verdad igual que el vino.

186
Como en la mano de Moisés, florece
todo el mundo, y las plantas van naciendo
igual que por el soplo de Jesús;
y llorarán los ojos de las nubes.

187
No sufras yendo en pos de blanca plata
y oro rubio, convida a tus amigos,
porque tu tibio aliento va a enfriarse,
y entonces comerán tus enemigos.

188
Cada trago de vino apagará
en tus ojos el fuego de las penas.
Como si el vino fuese un elixir
que sana al corazón de cien dolores.

189
Lucirá la violeta su chal tinto,
al céfiro las rosas se abrirán,
y el sabio en compañía de una bella
apurará su copa de buen vino.

190
De tu bondad el devoto nada sabe,
sólo un amigo te conoce. Dicen
que al pecador destinas al infierno.
Que lo cuenten a quien no te conozca.

191
Un imperio daría por un trago,
mil vidas por la tapa de tinaja;
por el paño que enjuga nuestros labios
que el vino ha humedecido, mil teilesans.

192
Reuníos tras mi muerte, amigos míos.
Y cuando alguien escancie el vino añejo
acordaos del pobre Umar Jayyam,
y bebed una copa a su memoria.

193
Nunca el cielo me ha sido favorable,
oyendo una voz dulce, respirando
un segundo de dicha, sin hundirme
muy pronto en un abismo de amarguras.

194
Por una copa doy cien corazones,
cualquier fe y el imperio de la China.
Es una cosa amarga que prefiero
a todas las dulzuras de la vida.

195
El cielo multiplica los dolores,
se apresura a quitarnos cuanto da;
si los que han de venir eso supieran
se guardarían mucho de nacer.

196
Bebe, que así tendrás la vida eterna,
pues el vino es la fuente de los goces
de la juventud; quema como el fuego,
pero disipa las congojas, bebe.

197
¿Para qué preocuparte por el ser?
No te turbes con vanos pensamientos.
Vive feliz, que nadie te ha pedido
la opinión para hacer todo lo que es.

198
Los que habitan en tumbas ya son polvo,
partículas dispersas, separadas.
¿Qué brebaje da un vértigo a los hombres
y les hace ignorantes hasta el Juicio?

199
Supónte, corazón, que el mundo es tuyo,
que esta casa es muy rica, y sé feliz
en tal desorden; que eres visitante
de pocos días hasta que te vas.

200
Cumple sólo el deber para con Dios.
Este pan no lo niegues a los otros,
no murmures y no hagas daño a nadie,
y el más allá tendrás: sirve más vino.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Esbozo

Ahmad Shamlú

La ventana:
un gemido
una mirada y
un suspiro.

***

jeroglífico es de otra mirada
ojo a la espera,

y, sin tener las riendas, otro suspiro
tras un suspiro.

Y es un ojo —a la espera de un gemido—
y el mísero cortejo fúnebre de un ataúd
como ante el de Zal* sin sentido.

***

La ventana:
un gemido
una mirada y
un suspiro.

©  Ahmad Shamlú, poema.
Fénix en la lluvia
© Ediciones del oriente y del Mediterraneo, editorial.
© Masao Yamamoto, imagen.

*Personaje de El libro de los reyes, de Ferdosi.

Umar Jayyam: Cuartetas 161-180

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

161
No hay noche en que mi mente no se pasme
ni me inunden las perlas de mis ojos.
Vacío está el tazón de mi cabeza.
Un tazón boca abajo no se llena.

162
Me he creído dispuesto a la oración
y al ayuno, pero, ay, me bastó un cuesco
para borrar todas mis abluciones,
y un trago destruyó todo mi ayuno.

163
Bellos rostros complacen la mirada,
la mano gusta el tacto de la copa;
que cada miembro goce sus placeres
antes de ser devueltos a su todo.

164
No hay brillo en el amor mundano, es fuego
medio apagado que no da calor;
el verdadero amante no conoce jamás,
jamás, ni sueño ni descanso.

165
¿Por qué te adoras a ti mismo o buscas
la causa de la nada o la del ser?
Bebe, pues en la espera de la muerte
mejor vivir durmiendo o embriagado.

166
Mañana venceré este gran obstáculo,
seré dichoso y beberé en la copa;
mi amada me es propicia, como el tiempo;
¿cuándo voy a gozar, si no es ahora?

167
Hay fatuos que han caído en el orgullo,
otros buscan huríes celestiales;
se alzarán las cortinas y veremos
que están todos tan lejos de ti, oh Dios.

168
Dicen que habrá un edén lleno de huríes,
con miel y vino límpido. ¿No es justo
que gocemos del vino y las mujeres
en la tierra, ya que a eso nos destinan?

169
Dicen que hay un edén y que hay huríes,
el Kucer, claro vino, miel y azúcar;
acércame una copa, porque un goce
presente vale más que mil futuros.

170
Bailarían los montes si bebieran,
sólo un necio desdeña echar un trago.
¿Que yo renuncie al zumo de la vid?
¡El vino es alma que nos perfecciona!

171
Me siento a veces como en una jaula,
con una mezcla ruin de agua y de barro,
mas si pienso en romper esta prisión
tropiezo con la piedra de la Ley.

172
Ya llega ramadán, se acaba el vino;
pero antes de acabar chaban, quisiera
beber tal cantidad que me dejase
borracho hasta el gran día de la fiesta.

173
Amigos, basta ya de insulsas charlas,
apaciguad mis penas con más vino.
Cuando vuelva a ser tierra haced de mí
ladrillos de pared en una taberna.

174
Clara o turbia es el agua de la vida,
nuestras ropas de pelas o de berd.
¿Qué más le da a una mente que razona?
Pero ¿le da lo mismo que se muera?

175
Del Principio, ¿quién sabe alguna cosa?
¿Quién fuera de sí mismo ha dado un paso?
Insuficiencia es lo único que veo
en torno a mí, insuficiencia en todo.

176
Si quieres ser feliz, nada codicies,
desátate de todo bien y mal;
porque los cielos seguirán girando
y es muy corta esta vida. Sé dichoso.

177
¿Qué nos esconde el velo del destino?
La Providencia, ¿qué secretos guarda?
Llevo setenta y dos años pensándolo
noche y día, para nada saber.

178
Según dicen, en el último día
Dios hablará encolerizado, pero
sólo el bien va a salir de la Bondad.
No temas, le verás al fin benigno.

179
El vino calmará tu corazón,
los setenta y dos pueblos ya olvidados.
Esta alquimia cultiva, porque un men
de vino va a curar todos tus males.

180
Prohibido está el vino, pero sólo
según el bebedor, la cantidad
y quién bebe con uno. ¿Quién podría
cumpliéndolo beber sino los sabios?

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Piedra imán

Clara Janés

Esa invisible vértebra del cosmos
que desde el seno oculto de la tierra
presta equilibrio a la estelar corona
es semejante al árbol de la vida
que en su elevarse tres esferas une.

Misteriosa a los ojos de la antigüedad, fue predilecta de poetas y alquimistas. Quevedo la tomó como modelo de amor, —Esta que duramente enamorada / piedra …, reza un soneto suyo — . Pero ya Ibn Hazm, en el siglo X, atribuyó a la amada las virtudes que dicen del imán. Hoy hemos visto todos a su proximidad limaduras de hierro alentar en dibujos, y el baile al que somete su signo a dos de ellas, hileras de alfileres prendidas de su tacto, y cómo por su gracia mantiene el rumbo el bajel en la niebla y se rescatan voces fugaces de la nada.

©  Clara Janés, poema y texto.
Lapidario
© Ars Poetica, editorial.
© David Nash,  imagen.

Umar Jayyam: Cuartetas 141-160

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

141
Tan sólo el bebedor sabe entender
lo que el vino y las rosas siempre dicen;
para el necio lo oculto es un misterio.
Sólo el borracho aprecia estas delicias.

142
En la taberna el vino es lo que lava;
el deshonor allí es irremediable;
así, pues, trae vino, ya que el velo
del pudor para siempre se ha rasgado.

143
He aventado una parte de mi vida
sin conocer ningún día feliz.
Ahora temo que el tiempo no me deje
resarcirme de todo ese pasado.

144
Mi corazón no sabe de remedios,
con el alma en los labios, sin su amor,
mi vida ha transcurrido en la ignorancia,
y de este amor aún dura el enigma.

145
En las tierras del alma hay que ser cauto,
silencioso en las cosas de este mundo;
mientras tengamos ojos, lengua, oídos,
vivamos como si no los tuviéramos.

146
Quien medio pan posee y tiene un nido,
quien no es amo ni siervo, que se crea
un hombre muy feliz, puesto que tiene
una dulce existencia en este mundo.

147
No plantes en ti el árbol de la pena,
hojea siempre el libro de los goces,
que el tiempo que te queda en este mundo
no puede ser más fácil de medir.

148
Si obedezco, ¿será mayor tu imperio?
¿Te han quitado grandeza mis pecados?
Dame el perdón, oh Dios, pues sé que Tú
castigas tarde y muy pronto perdonas.

149
Mi mano, hecha a la copa, ¿cómo va
a moverse entre el Libro y el almimbar?
Eres seco y devoto, yo una esponja,
el fuego no podrá inflamar el líquido.

150
No abrazo a una beldad color de rosa
sin que el tiempo me clave alguna espina;
el peine no acaricia sus cabellos
sin que le arranquen antes muchos dientes.

151
¡Quién pudiera beber vino sin tregua!
Y en mi pecho sentir amor por esos
bellos ídolos. Si a ambas cosas Dios
me pide renunciar, no le haré caso.

152
Por nuestra marcha el tiempo se entristece;
de cien perlas sólo una está horadada;
Por ignorancia habrá cien mil ideas
muy profundas que nadie va a expresar.

153
Hace buen tiempo, ni calor ni frío;
la lluvia lava el polvo de las rosas
y parece que grita el ruiseñor
a las flores doradas: «Bebed vino».

154
Una vez a mí mismo sea extraño
y hablen de mí lo mismo que una fábula,
quisiera, oso decir, que de mi barro
hagan jarras de vino para todos.

155
Antes de que te olviden, bebe vino,
que este néctar ahuyentará tus penas,
Y de alguna beldad deshaz los rizos
como se desharán al fin tus huesos.

156
Antes de que te asedie la tristeza
haz que nos sirvan el rosado vino.
No eres de oro, oh imbécil insensato,
de la tierra no van a rescatarte.

157
Nada ha ganado el mundo con mi estancia;
mi partida no va a darle más gloria;
mis dos orejas no han oído nunca
por qué me hacen venir y luego me echan.

158
Nada se oculta al Sabio de los cielos;
siendo hipócrita puedes engañar
a los hombres, no a Él, que nada ignora
de todos los detalles de tus crímenes.

159
A los tristes el vino les da alas,
y de la inteligencia es un lunar;
ya pasó el ramadán, no hemos bebido,
en el mes de chawal será el desquite.

160
Vive alegre, pues día llegará
en que la tierra va a engullirlo todo;
bebe y deja de lado la tristeza,
que tras de ti todos serán sus súbditos.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas