Suplicio

Yan Jidao

晏幾道

Mucho, muchísimo he de viajar
para poder verte,
aunque sea en sueños.
Pocas, poquísimas son las cartas
que los mensajeros
me pueden traer.
Cuando nos dijimos adiós,
eran negros nuestros cabellos,
que la tristeza de la ausencia
ha teñido ahora de blanco.
Oh mi amor, mi cariño.
El día que estés de vuelta,
te diré cuánto he sufrido.
¡Qué suplicio es vivir separados!
¡Qué felicidad tenerte al lado!

©  Yan Jidao, poema.
© Cátedra, editorial.
© Museum of Fine Arts, Boston, imagen.

Umar Jayyam: Cuartetas 241-270

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

241
Mi ignorancia y mi nada me atormentan;
me ceñiré el efod sacerdotal;
¿y sabéis por qué causa? Por el modo
como soy musulmán de cuerpo entero.

242
Oh, Jayyam, sé feliz en la embriaguez
o al lado de una bella. Que la nada
es el fin de este mundo, y ya que existes
por lo menos entrégate al placer.

243
En un alfar he visto dos mil cántaras,
con voz o silenciosas. Me decían:
«¿Dónde está el alfarero? ¿Dónde está
aquel que nos compró o que nos vendió?».

244
A un anciano borracho que encontré
le dije: «¿No temes a Dios?». Repuso:
«Toda misericordia viene de El,
anda y haz como yo, bebe más vino».

245
¿Por qué te apenan tanto los reveses?
Ha de sufrir quien piensa en el mañana.
Vive alegre y olvídate del mundo,
que el vino en nada aumenta la amargura.

246
Para mí el vino es agua de la vida,
Elías soy para él. Es como un bálsamo,
un elixir del alma. Dios ya dijo:
«El vino siempre es útil para el hombre».

247
Aunque esté prohibido, bebe vino
mientras suenan el arpa y las canciones;
del que es como el rubí, vierte en la tierra
solamente una gota y bebe el resto.

248
Setenta y dos naciones hay según
su culto, mas mi dogma es el amor.
¿Impiedad, islamismo, culpa? Sólo
pienso en ti, lo demás tanto me da.

249
Más que en mis vicios piensa en mis virtudes,
y perdona por Dios cada pecado;
que la hoguera del odio no reavives,
perdona por la tumba del Profeta.

250
El vino es en la copa limpidez,
en el frasco es un alma transparente;
nada pesado quiero, sólo el vino,
que es un cuerpo a la vez sólido y diáfano.

251
¡Eres ingrata, rueda de los cielos!
Desnudo como un pez siempre me tienes.
Viste al hombre la rueca del que teje,
más caridad demuestra, pues, que tú.

252
No dejes, oh Jayyam, que se entristezca
tu corazón, y bebe al son del arpa
este vino en cristal, porque muy pronto
se romperá el cristal contra una piedra.

253
De quedarnos sin rosa hay las espinas.
Si no vemos la Luz hay el infierno.
Si perdemos el templo y el pontífice
hay la iglesia, el efod y las campanas.

254
Si me niegan la paz vivo en la guerra.
Si tengo deshonor sufro deshonra.
Quien no beba este vino de rubí
merece una pedrada en la cabeza.

255
Desgarra el alba el velo de la noche.
Bebe la copa matinal y alégrate.
Nacerán muchos días que nos miren
cuando todos miremos ya la tierra.

256
Todo el mundo es ficción e imagen vana,
e imágenes así somos nosotros.
Bebe, amigo, y alégrate, que así
te libras de imposibles reflexiones.

257
Si estás en compañía de una bella
de talle de ciprés y piel de rosa,
bebe, que vendrá el viento de la muerte
y hará jirones esta carne tuya.

258
Basta de gritos y gemidos, álzate
y vive cada instante alegremente.
Cuando la hierba cubra el universo
bebe todo el rubí que hay en la copa.

259
Desecha pensamientos imposibles
y corteja a la hija de la vid,
que una hija prohibida es preferible
a la madre que nadie ha prohibido.

260
Arde mi amor por la beldad que el alma
me cautiva. Enmudezco, ¡Qué prodigio!
Me devora la sed, pero ante mí
corre el agua más fresca y transparente.

261
Llena una copa y luego une tu voz
a la del ruiseñor, porque si hubiera
que beber sin más voces armoniosas
el vino al escanciar no se oiría.

262
No desesperes nunca por un crimen
de la misericordia de tu Dios;
aunque murieses hoy borracho, ¿no iba
a perdonar al polvo de tus huesos?

263
¡Oh, rueda de los cielos, soy indigno
de girar en tus círculos! Si sólo
a los tontos e idiotas favoreces,
merezco tu favor, pues no soy sabio.

264
Soy borracho, oh muftí, pero más cuerdo
que tú, que sólo bebes sangre humana,
mientras que bebo yo la de la vid.
¿Quién es más sanguinario de los dos?

265
Lo más cuerdo es buscar dicha en el vino,
sin pensar ni en el hoy ni en el ayer;
librar de la razón al alma nuestra,
prestada y que se queja en su prisión.

266
Cuando huya de la muerte y se desprendan
como hojas secas partes de mi cuerpo,
cribaré alegremente el universo,
como hará el albañil con mis cenizas.

267
La bóveda celeste, que da vértigo,
el universo entero, es un farol.
El sol es su candela, y las pinturas,
nosotros sorprendidos por el pasmo.

268
Me hiciste de agua y tierra, me tejiste
con la lana o la seda, no fui yo.
Si hago el bien o hago el mal es obra tuya,
estoy predestinado, no soy yo.

269
Amigo, no pensemos en mañana,
porque cuando salgamos de esta vieja
mansión tendremos ya la misma edad
que los que hace milenios se marcharon.

270
Bebe siempre, que el vino hace brillar
la fe, la inteligencia, el corazón;
con una sola gota el diablo hubiera
reverenciado a Adán sumisamente.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta., Imagen.

Notas a las cuartetas

Recolección de moras

Li Qingzhao
李清照

-Tian Zi Cai Sangzi-

                 Frente a la ventana
¿quién plantó la esterculia?

                               su sombra invade todo el patio
                               su sombra invade todo el patio

                                                      sus hojas
se despliegan o se encogen
                               como si tuvieran sentimientos

                               con el corazón herido
oigo sobre la almohada
                               la lluvia de esta tercera noche

gota a gota
                                                      y sin cesar, cae
gota a gota
                                                      sin cesar, cae…

                               ¡qué tristeza de estar tan sola!

¡no quiero levantarme!

¡no quiero escucharla más!

©  Li Qingzhao, poema.
© Ediciones del oriente y del mediterraneo, editorial.
© Zha Shibiao, imagen.

Umar Jayyam: Cuartetas 221-240

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

221
Ser adorable, siéntate y apaga
así los mil tormentos de este fuego.
¿Que no te mire? Es como si dijeras
que inclinase la copa sin beber.

222
Prefiero estar contigo en la taberna
y allí contarte todos mis secretos,
que en el mihrab rezar sin ti. Tal es
mi fe, ya me condenes ya me salves.

223
Trata al inteligente y al honrado.
Huye del ignorante. Si el juicioso
te da a beber veneno, bebe de él,
si el ignorante te da triaca, tírala.

224
Las nubes aún velan estas rosas.
Mi corazón ansia aún beber.
No te acuestes aún, ay, alma mía,
bebe, que el sol está aún en el cielo.

225
Igual que un gavilán, dejé esta tierra
de misterios por un mundo más alto;
caí sin encontrar a quién confiarme,
y por la misma puerta me marché.

226
Nos das una pasión irresistible
y nos prohíbes el ceder a ella;
es como si ordenaras inclinar
la copa sin verter su contenido,

227
Del más allá ningún viajero vuelve.
Oh, devoto, practica la humildad,
no los rezos, porque ¿qué es la oración
que sincera y humilde no se muestra?

228
Sé indiferente a la celeste bóveda,
bebe y busca el amor de las beldades.
¿Por qué pedir perdón, por qué rezar,
si de los que se fueron nadie ha vuelto?

229
Nunca he sido sumiso, el corazón
nunca ha barrido el polvo de tus pasos,
pero quizá me acoja tu clemencia,
pues no te he importunado con mis quejas.

230
A mis placeres volveré otra vez,
de las cinco oraciones me abstendré.
En los frascos verás, como un gollete,
alargarse mi cuello hacia la copa.

231
Somos muñecas con que juega el cielo,
esto es una verdad, no una metáfora;
salimos del tablero de los seres
y uno a uno así entramos en la nada.

232
¿Qué es el gran simulacro de esta vida?
¡No hay tiempo para toda la verdad!
Una imagen fantástica que sale
de un vasto mar para volver a él.

233
Loco de amor, borracho y en el templo
de los ídolos, yo venero el vino;
hoy separados ya de nuestro ser
pisamos el umbral del trono eterno.

234
Mi amor (¡viva lo mismo que mis penas!)
otra vez con dulzura me ha mirado,
diciéndose sin duda: «Quiero hacerle
una merced para arrojarla al agua».

235
Amanece, ¡despierta, zalamero!
Bebe y oigamos música de tu arpa;
los que duermen tendrán muy breve vida,
los que se fueron nunca volverán.

236
Tú que conoces nuestro corazón
y das la mano a todos los que caen,
haz que no beba, acepta mis disculpas,
Dios de poder que nunca niegas nada.

237
En los muros de Tus he visto un pájaro
ante la calavera de Kay Kaus.
Le decía: «Ya no oigo el tintineo
de tus sortijas, ni el clarín de gloria».

238
No examines el mundo ni sus cambios.
Toma igual que un botín este momento,
no tengas inquietud por el pasado,
y por el porvenir no me preguntes.

239
No temas ni al futuro ni al presente;
en la nada del mundo goza así
del placer que te toque, que algún día
el cielo va a negarte sus favores.

240
Por el amor de Dios no te revistas
del manto en que se envuelven los hipócritas;
que un instante tan sólo dura el mundo,
la eternidad no vendas por tan poco.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

A mi madre

Mahmud Darwix

محمود درويش

AÑORO el pan de mi madre,
el café de mi madre,
las caricias de mi madre…
Día tras día
en mí crece la infancia
y amo mi vida, pues
de morir
me avergonzarían las lágrimas
de mi madre.

Haz de mí, si vuelvo un día,
chal para tus pestañas,
cubre mis huesos con hierba
bautizada por tus puros talones,
átame
con un mechón de tus cabellos…
con una hebra del bordado de tu vestido…
Puede que me convierta en un dios,
que en un dios me convierta
si toco el fondo de tu corazón.

Ponme, si es que regreso,
como leña en la lumbre de tu fuego,
como cuerda de tender en la azotea de casa,
porque no puedo levantarme
sin tu oración de cada día.
He envejecido, devuélveme las estrellas de la infancia
para que comparta
con los pájaros más pequeños
la senda de regreso
al nido en que aguardas.

©  Mahmud Darwix, poema.
Enamorado de Palestina 1966
© Pre-Textos, editorial.
© Koxmonahuta, imagen.