Umar Jayyam: Y Cuartetas 451-464

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

451
Bebe, amigo, que el vino hace sudar
a las bellas de Rhei, las más hermosas;
yo siempre he roto todas mis promesas,
pero jamás un cántaro de vino.

452.
Tengo vino, aquí está mi bienamada,
yo la renuncia de Nessuh no haré;
la historia de Noé no la repitas;
trae, oh copero, vino que me calme.

453
No sé ni cómo unirme a ti ni cómo
vivir lejos de ti ni un solo instante.
¿A quién puedo contar estos tormentos?
¡Qué extraño mal y qué pasión tan dulce!

454
Esta es la hora del vino matinal,
bebamos a pesar de oír la voz.
En un momento así, ¿habrá que rezar?
Silencio, no hables de piedad, bebamos.

455
Oigo la voz de la mañana, oh ídolo
que me haces tan feliz; canta y bebamos,
porque el paso de tir al mes de di
ha derribado a muchos Djem y Kay.

456
No seas descortés con los que beben,
no tengas mala fama entre los sabios,
y bebe, pues ya bebas ya no bebas,
si has de ir al infierno irás allí.

457
Ojalá Dios reconstruyera el mundo
porque podría verle trabajando;
le pido que me borre de la vida
o su arcano tesoro me haga rico.

458
Oh, Dios, dame el puchero, que no tenga
que deberlo a tus otras criaturas;
embriágame con vino y que así olvide
todo saber, y mis tormentos cesen.

459
¡Oh, tú, que eres tan digno del infierno!
¿A Dios le pedirá que a Umar perdone?
¿Qué relación hay entre Dios y tú?
¿Cómo osas enseñarle a ser clemente?

460
No sé vivir sin vino. Soy esclavo
del delicioso instante en que el copero
dice: «Toma una copa más», y yo,
borracho, ya no puedo ni cogerla.
461
Agradezco al copero que aún me quede
este soplo de vida. Un men de vino
ha sobrado de anoche, mas ignoro
el tiempo que aún me queda por vivir.

462
¿Por qué quien tiene un pan para dos días
y un odre roto con un poco de agua,
tiene que obedecer a un inferior
o servir a quien es sólo su igual?

463
Desde el día en que Venus y la Luna
surgieron en el cielo, nadie ha visto
nada mejor que el vino. El tabernero,
¿comprará algo mejor que lo que vende?

464
Los sabios y virtuosos convertidos
en antorcha del mundo no salieron
de esta lóbrega noche. Algunas fábulas
contaron y volvieron a dormirse.

Introducción de Juan Vernet sobre las Cuartetas

La forma métrica del rubaf (“cuarteta” o “cuarteto”) aparece en Turquestán en el primer milenio de nuestra era y desde allí se extiende al resto del mundo. Ahora bien, dado lo sencillo de su estructura, es posible también que haya aparecido, de modo independiente, en distintos lugares del planeta muy alejados entre sí. Lo mismo da. Cuando se habla de cuartetas refiriéndose a las literaturas orientales, todo el mundo piensa en Persia y en el célebre poeta Umar Jayyam, personaje rabiosamente histórico por lo que toca a su talento como matemático, pero fantasmagórico como autor de las cuartetas que se le atribuyen. De hecho, para Occidente, éstas sólo existen desde mediados del siglo pasado, gracias a la traducción inglesa que de las mismas hizo Edward FitzGerald. Es lo mismo que ocurrió con Las mil y una noches, «descubiertas« por Galland: la fama de que hoy gozan en Oriente las Cuartetas persas la deben a la propaganda occidental que de las mismas hicieron, de modo indirecto, ingleses y franceses, que sometieron a su autoridad a medio mundo.
Su fácil manejo hace a la cuarteta apta para expresar todo tipo de ideas susceptibles de ser encerradas en el pequeño molde que ofrece su estructura y que los poetas orientales han sabido explotar hasta la saciedad. Mil veces considerada muerta, ha renacido de sus cenizas siglos después o a miles de kilómetros de distancia, en cualquier lugar, gracias a los contactos constantes entre las culturas persa, turca, árabe, etc. Pues el fenómeno de hibridación entre dos o más culturas, tan característico de la España medieval, tiene lugar allá donde dos lenguas, dos literaturas, dos civilizaciones están en íntimo contacto.
Se ofrecen en esta edición, en versión de Carlos Pujol, las 464 cuartetas atribuidas a Umar Jayyam y traducidas en su día al francés por J. B. Nicolas (París, 1867). Aunque menos literaria que la de Fitzgerald, la traducción de Nicolas es sin embargo mas fiel al original y cuenta con amplificaciones interpretativas de los versos.

© Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Portada del libro , Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 431-450

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

431
He visto en un alfar que modelaban
los cuellos y las asas de tinajas;
los unos con cabezas de cien reyes,
las otras con los pies de los mendigos.

432
Si sabes elegir, elige el éxtasis,
bebe con los eternos bebedores;
pero siendo ignorante no podrás
gozar de las delicias que procura.

433
Ídolo, mientras vivas bebe vino,
y antes que con mi polvo y con tu polvo
modele el alfarero otras tinajas,
llena una copa, bebe y dame vino.

434
Amiga, mientras puedas ven y alivia
el dolor de este amante corazón,
que tu belleza no va a ser eterna:
la perderás un día, como todas.

435
La copa de la muerte va a embriagarte,
te harán caer las vueltas que da el tiempo,
pero antes haz acopio en este mundo,
con las manos vacías no te vayas.

436
Das la vida y la muerte, Tú gobiernas
esta rueda sin orden de los cielos;
soy tu esclavo, aunque malo; ¿quién es, pues,
el culpable? ¿No eres Tú el creador?

437
Oh, mi rey, ¿puedo sólo contemplar
las rosas, este vino y estas danzas?
¿No es mejor un jardín con vino y flautas
que todo el paraíso y sus huríes

438
¡Cómo brilla la luz, la luna, el vino,
las beldades de rostro de rubí!
No recuerdes la tierra a un corazón
de fuego, no lo aventes, trae líquido.

439
Oh, vino reluciente, estoy tan loco
que te voy a beber hasta que puedan
confundirme contigo desde lejos,
diciéndome: «¿De dónde vienes, vino?».

440
¡Bienvenida, oh reposo de mi alma!
Aquí estás y no creo lo que veo.
Por el amor de Dios, más que por mí,
bebe hasta que no sepas ya quién eres.

441
Un jeque dijo un día a una ramera:
«Te emborrachas y vas de mano en mano».
Ella repuso: «Soy lo que tú dices,
pero ¿eres tú lo que pareces ser?».

442
Cuando duermo borracho, ¿qué me importa
que el mundo gire y gire en el vacío?
Por una copa anoche el tabernero
me retuvo y decía: «¡Vaya prenda!».

443
Tan pronto oculto como manifiesto
en todo, para ti sólo produces
estos portentos, siendo el espectáculo
a la vez que tu propio espectador.

444
Poblar toda la tierra vale menos
que alegrar cualquier alma que esté triste;
someter con dulzura a un hombre libre
más que dar libertad a mil esclavos.

445
Te dicen que si bebes sufrirás
los tormentos de aquel que arde en el fuego;
mas cuanto hay en el mundo y en el otro
no vale la alegría que da el vino.

446
Si te complace entristecer a quien
felizmente vivía, considérate
el más necio de todos. Sé infeliz,
eres un ignorante singular.

447
Cuando puedas tener dos mens de vino,
bebe sin vacilar, pues de este modo
te librarás de ver tristes bigotes
como los tuyos, o de ver mi barba.

448
Un pan, dos mens de vino y una pierna
de cordero en algún lugar en ruinas,
con una bella joven, ¡qué placer!
No todos los sultanes tienen eso.

449
Malo te llamarán si tienes fama,
intrigante si vives retirado;
aunque seas Elias o san Jorge,
que nadie te conozca, ni tú a nadie.

450
De ser libre y no esclavo del destino,
ajeno al bien y al mal que hay en el mundo,
hubiese preferido no nacer,
y no tener un día que morir.

© Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta , Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 411-430

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

411
Abrázate al dolor para curarlo,
no te quejes del mal y sanarás;
y da gracias al cielo en tu pobreza,
si quieres algún día ser muy rico.

412
En casa de un borracho encontré a un sabio
y le pedí noticias de los idos.
«Bebe, amigo», repuso, «porque muchos
se fueron para no volver jamás.»

413
Pido vino, unos versos, un instante
de paz y medio pan; si así pudiera
vivir contigo en un lugar en ruinas,
sería más feliz que los sultanes.

414
Que los cinco y los cuatro no nos turben,
entender uno solo es ya imposible;
somos de tierra y viento, ven, copero,
toca el arpa y escáncianos más vino.

415
Deja de hablar de Yasin y de Bérat,
haz que me sirvan vino en la taberna,
copero, pues aquel día será
cual la noche de Bérat para mí.

416
Abraza, mientras tengas sangre y huesos,
tu destino; no cedas al contrario
aunque sea Rustem, hijo de Zal,
y aunque sea Hatem-tai, no aceptes deudas.

417
Amas los labios de rubí y el vino,
el tamboril, las arpas y las flautas,
pero mientras no rompas lo que te une
a este mundo de aquí, no serás nada.

418
Haz algo bajo bóveda tan cruel,
bebe, que el mundo es muy calamitoso;
solamente eres tierra, mas compórtate
como estando en la tierra, no bajo ella.

419
Ya que conoces todos los secretos,
¿para qué torturarte vanamente?
Nada es como tú quieres, pero al menos
ahora que respiras sé feliz.

420
Si miro en torno a mí veo la hierba
del paraíso, el río de Kucer,
la llanura infernal se ha hecho celeste,
descansa con beldades celestiales.

421
Imita a los galandar, piensa sólo
en el vino, en el canto y en la amiga;
bebe, objeto de todas mis delicias,
bebe, y ya basta de decir bobadas.

422
¿Quieres vivir en paz y por un tiempo
librar el corazón de toda pena?
Bebe vino sin pausa, y cada vez
que respires la vida será hermosa.

423
El mundo es una casa de tramposos,
no cuentes con amigos; y no quieras
tus males remediar ni compartir
con nadie, sé feliz con tus congojas.

424
En dos cosas se fundan los más sabios,
y son revelaciones aún no escritas:
no hay que comer de todo comestible
y apartarse de todo lo que vive.

425
Pasa el zumo de agraz a vino amargo
después de ser muy dulce. Si una viola
puede hacerse con una podadera,
¿te extraña que con ella se hagan flautas?

426
¿Por qué cantan los gallos en la aurora?
Cantan para decirte que una noche
acaba de salir de tu existencia,
y que tú no lo sabes todavía.

427
Sirve vino color de tulipán,
sangre pura del cuello de este frasco;
exceptuando la copa, no conozco
otro amigo que tenga el alma pura.

428
Dame vino, oh copero, que la pena
me está oprimiendo el alma; dame el néctar,
que tal vez si me olvido de mí mismo
pueda olvidar los males de este mundo.

429
Sirve, oh copero, tus rubíes líquidos,
dame el reflejo de esta piedra noble;
acércame la copa incomparable,
que pueda dar a mi alma nueva vida.

430
Aunque seas más sabio que Aristóteles,
o emperador romano o de la China,
sigue bebiendo, que la muerte acecha;
aunque tú fueses Bahram, morirás.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Riccardo Gatti , Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 391-410

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

391
Tu ausencia misteriosa no se entiende,
¿y a ti qué más te da nuestra obediencia
o que pequemos? Ebrio estoy de culpas,
mas tu misericordia es mi esperanza.

392
Si bastara imitar para ser justo,
vivir sería una perenne fiesta;
sin vanas amenazas todo el mundo
vería realizados sus deseos.

393
¡Oh, rueda de los cielos, en mí ahogas
toda alegría, se transforma en agua
el aire que me orea, y en mi boca
conviertes agua pura en tierra seca!

394
Oh, corazón, olvida la inquietud
para ser solamente un alma pura;
el alto cielo habitarás entonces,
sin la vergüenza de morar aquí.

395
Alfarero, ¿hasta cuándo humillarás
al hombre al amasar su propio barro?
Pues trabaja tu torno con el dedo
de Feridun, la mano de Kay Josru.

396
¡Oh, rosa, eres igual a una beldad!
¡Oh, vino, me pareces un rubí!
¡Caprichosa fortuna, tan extraña,
y sin embargo creo conocerte!

397
La cocina del mundo sólo es humo.
Olvídate del ser y de la nada
que te inquietan y te hacen perdedor;
renunciar a tener es la ganancia.

398
A nadie perseguimos en su sueño,
haciendo que se quejen: ¡Oh, Dios mío!
Piensa que tu hermosura y tus riquezas
te las pueden quitar en una noche.

399
Si querías que yo me conociera,
¿por qué me has separado de mí mismo?
Si no pensabas ya en abandonarme,
¿por qué arrojarme en medio de este mundo?

400
Ojalá haya al final de este camino
un lugar de reposo, y la esperanza,
después de cien mil años, de nacer
de la tierra otra vez igual que hierba.

401
Leyendo el libro del amor oí
sabias palabras: «¡Oh, feliz aquel
a quien espera la más bella amiga
y una noche tan larga como un año!».

402
Pasan las estaciones, van cayendo
las hojas de la vida. Bebe, amigo,
que las penas del mundo son veneno
para el cual el antídoto es el vino.

403
Bebe junto a la amiga, oh corazón.
Basta de hipocresía. ¿Acaso sigues
la doctrina de Ahmed? Llena tu copa
en el río del cual Alí es copero.

404
Una copa de loza rompí anoche,
insensatez muy propia de un borracho;
creí oír a la copa: Fui lo mismo
que eres tú, y lo que soy serás un día.

405
Trae vino, copero, antes que el ángel
de la muerte se acuerde de nosotros;
gocemos con la copa de rubíes
de la dulce presencia de la Amada.

406
Levántate, oh copero, de la cama,
y escancia vino límpido, oh copero;
con nuestras calaveras harán cántaras,
pero antes en mi copa sirve vino.

407
Ver tanta hipocresía me fastidia,
ven, copero, y escánciame más vino;
cámbialo por turbantes y sadjadas.
Con más tino quizá razone entonces.

408
¿Qué trajiste al nacer? Piénsalo y piensa
lo que te llevarás. ¿No bebes vino
porque habrás de morir? Tanto si bebes
como si no, la muerte no perdona.

409
La puerta sólo Tú puedes abrirla,
indicarme el camino sólo Tú;
yo no daré la mano a nadie más,
pues mortales son todos, salvo Tú.

410
El odio inspira todas tus palabras;
soy ateo e impío, según dices;
soy como soy, lo reconozco, pero
¿quién eres para hablarme de este modo?

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta, Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 371-390

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

371
Aquí estamos reunidos los amantes,
libres de las angustias de este tiempo;
la copa de su amor hemos vaciado,
henos libres, tranquilos y borrachos.

372
¿Que has vivido feliz siempre? ¿Y qué?
¿Que el fin de tu vida ha llegado? ¿Y qué?
Tras cien años de dicha, por delante
aún tienes otros cien de vida. ¿Y qué?

373
¿Por qué el ciprés y el lirio tienen fama
de ser libres? Diez lenguas tiene el lirio
y jamás habla, y el ciprés cien manos
y no se alargan nunca para el hurto.

374
Dame, copero, el vino que es delicia
igual que una beldad, dame ese néctar
que encadena a los necios y a los sabios
para darles un dulce cautiverio.

375
Nuestra vida ha pasado sin provecho
haciendo lo prohibido y lo que mancha.
¡No haber hecho, oh Señor, lo que mandaste!
¿Y haber hecho las cosas no mandadas?

376
Que no te turbe el mundo y su inconstancia,
cede al vino y a las dulces caricias;
los que hoy nazcan mañana volverán
a la tierra y al seno de la nada.

377
Renuncio a todo, mas al vino nunca;
todo se olvida, mas el vino nunca.
¿Y si un día me hiciera musulmán
y renunciara al vino añejo? ¡Nunca!

378
Todos somos amantes y borrachos
en la taberna, ajenos por completo
al bien y al mal, y a toda reflexión.
No nos pidáis cordura, hemos bebido.

379
Porque confío en la bondad divina
renuncio a la obediencia y al pecado;
por ser bueno, Dios mío, tratarás
igual al que no ha hecho que al que ha hecho.

380
Tú diste a nuestro ser raras quimeras
e inspirándole cosas muy extrañas;
no puedo ser mejor de lo que soy,
puesto que así salí de tu crisol.

381
Hemos faltado a todas las promesas,
desdeñando la fama, buena o mala.
No me acuséis de ser un insensato,
pues nos embriaga el vino del amor.

382
Un trago vale más que un nuevo imperio,
más que lo que tenía Feridun;
y el ladrillo que cubre la tinaja
más que la diadema de Kay Josru.

383
Oh, corazón, nada sabrás del cielo,
nada de la verdad de los más sabios;
hazte aquí un paraíso con el vino,
porque al del otro mundo, ¿llegarás?

384
Los que nos precedieron, oh copero,
yacen ya bajo el polvo del orgullo;
escucha la verdad: viento es tan sólo
lo que ellos conquistaron, oh copero.

385
Sucio y envuelto en humos del infierno,
viene de lejos, ni hombre ni mujer,
y rompe nuestro frasco, vierte el vino,
como si hiciera una grandiosa hazaña.

386
Oh, corazón, si estás en el banquete,
has salido de ti y has vuelto a ti.
El vino de la nada te distingue
de los que son y de los que se fueron.

387
He frecuentado el vino embriagador.
¿Me hacéis reproches? ¡Ojalá causara
todo lo prohibido la embriaguez!
Ni sombra de cordura hubiera visto.

388
¿Por qué has roto mi cántara, Dios mío,
derramando mi vino, mi alegría?
¡Así se llene de tierra mi boca!
¿O es que estabas borracho, oh Dios mío?

389
De los cuatro y los siete eres el fruto,
y de ellos ya no sabes qué pensar;
bebe, ya te lo he dicho muchas veces,
cuando te vayas nunca volverás.

390
Nos rodeas de trampas y nos dices:
«Si caes en alguna morirás».
Tú las armas, y si alguien cae en ellas
le condenas a muerte por rebelde.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Edmund Dulac, Imagen.

Notas a las cuartetas