Umar Jayyam: Cuartetas 241-270

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

241
Mi ignorancia y mi nada me atormentan;
me ceñiré el efod sacerdotal;
¿y sabéis por qué causa? Por el modo
como soy musulmán de cuerpo entero.

242
Oh, Jayyam, sé feliz en la embriaguez
o al lado de una bella. Que la nada
es el fin de este mundo, y ya que existes
por lo menos entrégate al placer.

243
En un alfar he visto dos mil cántaras,
con voz o silenciosas. Me decían:
«¿Dónde está el alfarero? ¿Dónde está
aquel que nos compró o que nos vendió?».

244
A un anciano borracho que encontré
le dije: «¿No temes a Dios?». Repuso:
«Toda misericordia viene de El,
anda y haz como yo, bebe más vino».

245
¿Por qué te apenan tanto los reveses?
Ha de sufrir quien piensa en el mañana.
Vive alegre y olvídate del mundo,
que el vino en nada aumenta la amargura.

246
Para mí el vino es agua de la vida,
Elías soy para él. Es como un bálsamo,
un elixir del alma. Dios ya dijo:
«El vino siempre es útil para el hombre».

247
Aunque esté prohibido, bebe vino
mientras suenan el arpa y las canciones;
del que es como el rubí, vierte en la tierra
solamente una gota y bebe el resto.

248
Setenta y dos naciones hay según
su culto, mas mi dogma es el amor.
¿Impiedad, islamismo, culpa? Sólo
pienso en ti, lo demás tanto me da.

249
Más que en mis vicios piensa en mis virtudes,
y perdona por Dios cada pecado;
que la hoguera del odio no reavives,
perdona por la tumba del Profeta.

250
El vino es en la copa limpidez,
en el frasco es un alma transparente;
nada pesado quiero, sólo el vino,
que es un cuerpo a la vez sólido y diáfano.

251
¡Eres ingrata, rueda de los cielos!
Desnudo como un pez siempre me tienes.
Viste al hombre la rueca del que teje,
más caridad demuestra, pues, que tú.

252
No dejes, oh Jayyam, que se entristezca
tu corazón, y bebe al son del arpa
este vino en cristal, porque muy pronto
se romperá el cristal contra una piedra.

253
De quedarnos sin rosa hay las espinas.
Si no vemos la Luz hay el infierno.
Si perdemos el templo y el pontífice
hay la iglesia, el efod y las campanas.

254
Si me niegan la paz vivo en la guerra.
Si tengo deshonor sufro deshonra.
Quien no beba este vino de rubí
merece una pedrada en la cabeza.

255
Desgarra el alba el velo de la noche.
Bebe la copa matinal y alégrate.
Nacerán muchos días que nos miren
cuando todos miremos ya la tierra.

256
Todo el mundo es ficción e imagen vana,
e imágenes así somos nosotros.
Bebe, amigo, y alégrate, que así
te libras de imposibles reflexiones.

257
Si estás en compañía de una bella
de talle de ciprés y piel de rosa,
bebe, que vendrá el viento de la muerte
y hará jirones esta carne tuya.

258
Basta de gritos y gemidos, álzate
y vive cada instante alegremente.
Cuando la hierba cubra el universo
bebe todo el rubí que hay en la copa.

259
Desecha pensamientos imposibles
y corteja a la hija de la vid,
que una hija prohibida es preferible
a la madre que nadie ha prohibido.

260
Arde mi amor por la beldad que el alma
me cautiva. Enmudezco, ¡Qué prodigio!
Me devora la sed, pero ante mí
corre el agua más fresca y transparente.

261
Llena una copa y luego une tu voz
a la del ruiseñor, porque si hubiera
que beber sin más voces armoniosas
el vino al escanciar no se oiría.

262
No desesperes nunca por un crimen
de la misericordia de tu Dios;
aunque murieses hoy borracho, ¿no iba
a perdonar al polvo de tus huesos?

263
¡Oh, rueda de los cielos, soy indigno
de girar en tus círculos! Si sólo
a los tontos e idiotas favoreces,
merezco tu favor, pues no soy sabio.

264
Soy borracho, oh muftí, pero más cuerdo
que tú, que sólo bebes sangre humana,
mientras que bebo yo la de la vid.
¿Quién es más sanguinario de los dos?

265
Lo más cuerdo es buscar dicha en el vino,
sin pensar ni en el hoy ni en el ayer;
librar de la razón al alma nuestra,
prestada y que se queja en su prisión.

266
Cuando huya de la muerte y se desprendan
como hojas secas partes de mi cuerpo,
cribaré alegremente el universo,
como hará el albañil con mis cenizas.

267
La bóveda celeste, que da vértigo,
el universo entero, es un farol.
El sol es su candela, y las pinturas,
nosotros sorprendidos por el pasmo.

268
Me hiciste de agua y tierra, me tejiste
con la lana o la seda, no fui yo.
Si hago el bien o hago el mal es obra tuya,
estoy predestinado, no soy yo.

269
Amigo, no pensemos en mañana,
porque cuando salgamos de esta vieja
mansión tendremos ya la misma edad
que los que hace milenios se marcharon.

270
Bebe siempre, que el vino hace brillar
la fe, la inteligencia, el corazón;
con una sola gota el diablo hubiera
reverenciado a Adán sumisamente.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 221-240

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

221
Ser adorable, siéntate y apaga
así los mil tormentos de este fuego.
¿Que no te mire? Es como si dijeras
que inclinase la copa sin beber.

222
Prefiero estar contigo en la taberna
y allí contarte todos mis secretos,
que en el mihrab rezar sin ti. Tal es
mi fe, ya me condenes ya me salves.

223
Trata al inteligente y al honrado.
Huye del ignorante. Si el juicioso
te da a beber veneno, bebe de él,
si el ignorante te da triaca, tírala.

224
Las nubes aún velan estas rosas.
Mi corazón ansia aún beber.
No te acuestes aún, ay, alma mía,
bebe, que el sol está aún en el cielo.

225
Igual que un gavilán, dejé esta tierra
de misterios por un mundo más alto;
caí sin encontrar a quién confiarme,
y por la misma puerta me marché.

226
Nos das una pasión irresistible
y nos prohíbes el ceder a ella;
es como si ordenaras inclinar
la copa sin verter su contenido,

227
Del más allá ningún viajero vuelve.
Oh, devoto, practica la humildad,
no los rezos, porque ¿qué es la oración
que sincera y humilde no se muestra?

228
Sé indiferente a la celeste bóveda,
bebe y busca el amor de las beldades.
¿Por qué pedir perdón, por qué rezar,
si de los que se fueron nadie ha vuelto?

229
Nunca he sido sumiso, el corazón
nunca ha barrido el polvo de tus pasos,
pero quizá me acoja tu clemencia,
pues no te he importunado con mis quejas.

230
A mis placeres volveré otra vez,
de las cinco oraciones me abstendré.
En los frascos verás, como un gollete,
alargarse mi cuello hacia la copa.

231
Somos muñecas con que juega el cielo,
esto es una verdad, no una metáfora;
salimos del tablero de los seres
y uno a uno así entramos en la nada.

232
¿Qué es el gran simulacro de esta vida?
¡No hay tiempo para toda la verdad!
Una imagen fantástica que sale
de un vasto mar para volver a él.

233
Loco de amor, borracho y en el templo
de los ídolos, yo venero el vino;
hoy separados ya de nuestro ser
pisamos el umbral del trono eterno.

234
Mi amor (¡viva lo mismo que mis penas!)
otra vez con dulzura me ha mirado,
diciéndose sin duda: «Quiero hacerle
una merced para arrojarla al agua».

235
Amanece, ¡despierta, zalamero!
Bebe y oigamos música de tu arpa;
los que duermen tendrán muy breve vida,
los que se fueron nunca volverán.

236
Tú que conoces nuestro corazón
y das la mano a todos los que caen,
haz que no beba, acepta mis disculpas,
Dios de poder que nunca niegas nada.

237
En los muros de Tus he visto un pájaro
ante la calavera de Kay Kaus.
Le decía: «Ya no oigo el tintineo
de tus sortijas, ni el clarín de gloria».

238
No examines el mundo ni sus cambios.
Toma igual que un botín este momento,
no tengas inquietud por el pasado,
y por el porvenir no me preguntes.

239
No temas ni al futuro ni al presente;
en la nada del mundo goza así
del placer que te toque, que algún día
el cielo va a negarte sus favores.

240
Por el amor de Dios no te revistas
del manto en que se envuelven los hipócritas;
que un instante tan sólo dura el mundo,
la eternidad no vendas por tan poco.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 201-220

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

201
El tiempo sólo halaga al menos digno,
es mi vida un abismo de amargura;
cual capullo cerrado, así soy yo,
igual que el tulipán lleno de sangre.

202
Es propio de los jóvenes gozar
del zumo de la vida y las mujeres,
y ya que el agua destruyó este mundo,
lo propio es destruirnos en el vino.

203
Trae rubí balaje en esta copa,
y ya que todo ser no es más que polvo
que ante el soplo de un viento de dos días
desaparece, tráeme más vino.

204
¿Quién no te busca con dolor y vértigo?
El derviche y el rico no te alcanzan.
Todos hablan de ti, pero son sordos;
estás ante sus ojos, mas son ciegos.

205
Quiero una copa con mi buen Amigo;
quiero llorar cuando me siento triste;
como este mundo durará muy poco,
en él quiero vivir siempre borracho.

206
No bebas con palurdos extremosos
pues sufrirás de noche sus locuras,
y sus frases de excusa al otro día
sólo conseguirán darte jaqueca.

207
No tienes más que lo que Dios te dio,
no te tortures por tener más cosas,
no llenes demasiado el corazón,
pues tendrás que dejarlo todo atrás.

208
Bebe, mi alma, del néctar que es tan límpido,
bebe por las mujeres que enamoran.
Es sangre de la vid, y la vid dice:
Bebe, que te hago lícita mi sangre.

209
En primavera bebe mientras se oyen
las quejas de la flauta y del arpista.
¡Bebo alegre, ojalá me siente bien!
Si no quieres beber, ve a comer piedras.

210
¿Estás triste? Toma un poco de hachís
o bebe un men de vino color rosa.
Ya eres sufí, no comes y no bebes
de esto y aquello, vete a comer piedras.

211
Ayer en el bazar vi a un alfarero
amasando una tierra a puntapiés;
la tierra dijo: «Yo también fui hombre,
no me trates con tanta violencia».

212
Bebe sólo con gente de talento
o beldades sonrientes, y no abuses
del vino, no pregones tu afición;
bebe poco, con pausa y a escondidas.

213
Bebe con deliciosas compañías;
si te muerde la sierpe de la pena,
bebe la triaca, que es lo que hago yo.
Si no quieres beber, ve a comer tierra.

214
Clarea, imberbe joven, bebe aprisa
el rubí de tu copa de cristal;
quizá un instante así no vuelvas nunca
a encontrar en la nada de este mundo.

215
Al imperio de Djem prefiero un trago,
al yantar de María olor a copas,
a los lamentos de Bu Said y Adhem
el suspiro del ebrio que despierta.

216
Ya que todo el mundo es simulacro,
evita el ancho mar del sufrimiento;
abrázate al destino, acepta el mal,
lo que el pincel trazó no va a borrarse.

217
Del camino más largo, ¿quién ha vuelto
para darme noticias? ¡Ay, amigo!
No dejes tras de ti ni una esperanza,
pues a este harén tan ruin no volverás.

218
Cada uno de tus días y tus noches
la vida acorta, sé feliz y alegre.
Pues estarás ausente mucho tiempo
mientras días y noches se sucedan.

219
Nada explica la rueda de los cielos
que mató a mil Mahmuds y a mil Ayazs.
Bebe, que a nadie va a volver la vida;
los que se fueron, ay, no volverán.

220
¡Oh, tú, que eres mayor que cualquier otro!
¿Sabes qué día el vino alegra el alma?
Pues sábelo: domingo, lunes, martes,
miércoles, jueves, viernes y hasta el sábado.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 181-200

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

181
Un men cabe en la copa, pero entonces
dos copas beberé; antes tres veces
con la fe y la razón habrá divorcio:
me casaré con la hija de la vid.

182
Bebo vino, y cualquiera sabe bien
que a Dios nada le importa. Dios lo supo
toda la eternidad, y si no bebiese
simple ignorancia fuera su presciencia.

183
Se arruina quien bebe, y la embriaguez
es madre del escándalo. Esmeraldas
pondré en mi vaso de rubí balaje
para cegar la sierpe de mis penas.

184
Hay quien nunca pasó una noche en vela
buscando la verdad, ni ha dado un paso
saliendo de sí mismo, y luce galas
insultando a quien es irreprochable.

185
En el alba de azur coge tu copa;
dicen que es muy amarga la verdad
en boca de los hombres, y por eso
gustamos la verdad igual que el vino.

186
Como en la mano de Moisés, florece
todo el mundo, y las plantas van naciendo
igual que por el soplo de Jesús;
y llorarán los ojos de las nubes.

187
No sufras yendo en pos de blanca plata
y oro rubio, convida a tus amigos,
porque tu tibio aliento va a enfriarse,
y entonces comerán tus enemigos.

188
Cada trago de vino apagará
en tus ojos el fuego de las penas.
Como si el vino fuese un elixir
que sana al corazón de cien dolores.

189
Lucirá la violeta su chal tinto,
al céfiro las rosas se abrirán,
y el sabio en compañía de una bella
apurará su copa de buen vino.

190
De tu bondad el devoto nada sabe,
sólo un amigo te conoce. Dicen
que al pecador destinas al infierno.
Que lo cuenten a quien no te conozca.

191
Un imperio daría por un trago,
mil vidas por la tapa de tinaja;
por el paño que enjuga nuestros labios
que el vino ha humedecido, mil teilesans.

192
Reuníos tras mi muerte, amigos míos.
Y cuando alguien escancie el vino añejo
acordaos del pobre Umar Jayyam,
y bebed una copa a su memoria.

193
Nunca el cielo me ha sido favorable,
oyendo una voz dulce, respirando
un segundo de dicha, sin hundirme
muy pronto en un abismo de amarguras.

194
Por una copa doy cien corazones,
cualquier fe y el imperio de la China.
Es una cosa amarga que prefiero
a todas las dulzuras de la vida.

195
El cielo multiplica los dolores,
se apresura a quitarnos cuanto da;
si los que han de venir eso supieran
se guardarían mucho de nacer.

196
Bebe, que así tendrás la vida eterna,
pues el vino es la fuente de los goces
de la juventud; quema como el fuego,
pero disipa las congojas, bebe.

197
¿Para qué preocuparte por el ser?
No te turbes con vanos pensamientos.
Vive feliz, que nadie te ha pedido
la opinión para hacer todo lo que es.

198
Los que habitan en tumbas ya son polvo,
partículas dispersas, separadas.
¿Qué brebaje da un vértigo a los hombres
y les hace ignorantes hasta el Juicio?

199
Supónte, corazón, que el mundo es tuyo,
que esta casa es muy rica, y sé feliz
en tal desorden; que eres visitante
de pocos días hasta que te vas.

200
Cumple sólo el deber para con Dios.
Este pan no lo niegues a los otros,
no murmures y no hagas daño a nadie,
y el más allá tendrás: sirve más vino.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 161-180

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

161
No hay noche en que mi mente no se pasme
ni me inunden las perlas de mis ojos.
Vacío está el tazón de mi cabeza.
Un tazón boca abajo no se llena.

162
Me he creído dispuesto a la oración
y al ayuno, pero, ay, me bastó un cuesco
para borrar todas mis abluciones,
y un trago destruyó todo mi ayuno.

163
Bellos rostros complacen la mirada,
la mano gusta el tacto de la copa;
que cada miembro goce sus placeres
antes de ser devueltos a su todo.

164
No hay brillo en el amor mundano, es fuego
medio apagado que no da calor;
el verdadero amante no conoce jamás,
jamás, ni sueño ni descanso.

165
¿Por qué te adoras a ti mismo o buscas
la causa de la nada o la del ser?
Bebe, pues en la espera de la muerte
mejor vivir durmiendo o embriagado.

166
Mañana venceré este gran obstáculo,
seré dichoso y beberé en la copa;
mi amada me es propicia, como el tiempo;
¿cuándo voy a gozar, si no es ahora?

167
Hay fatuos que han caído en el orgullo,
otros buscan huríes celestiales;
se alzarán las cortinas y veremos
que están todos tan lejos de ti, oh Dios.

168
Dicen que habrá un edén lleno de huríes,
con miel y vino límpido. ¿No es justo
que gocemos del vino y las mujeres
en la tierra, ya que a eso nos destinan?

169
Dicen que hay un edén y que hay huríes,
el Kucer, claro vino, miel y azúcar;
acércame una copa, porque un goce
presente vale más que mil futuros.

170
Bailarían los montes si bebieran,
sólo un necio desdeña echar un trago.
¿Que yo renuncie al zumo de la vid?
¡El vino es alma que nos perfecciona!

171
Me siento a veces como en una jaula,
con una mezcla ruin de agua y de barro,
mas si pienso en romper esta prisión
tropiezo con la piedra de la Ley.

172
Ya llega ramadán, se acaba el vino;
pero antes de acabar chaban, quisiera
beber tal cantidad que me dejase
borracho hasta el gran día de la fiesta.

173
Amigos, basta ya de insulsas charlas,
apaciguad mis penas con más vino.
Cuando vuelva a ser tierra haced de mí
ladrillos de pared en una taberna.

174
Clara o turbia es el agua de la vida,
nuestras ropas de pelas o de berd.
¿Qué más le da a una mente que razona?
Pero ¿le da lo mismo que se muera?

175
Del Principio, ¿quién sabe alguna cosa?
¿Quién fuera de sí mismo ha dado un paso?
Insuficiencia es lo único que veo
en torno a mí, insuficiencia en todo.

176
Si quieres ser feliz, nada codicies,
desátate de todo bien y mal;
porque los cielos seguirán girando
y es muy corta esta vida. Sé dichoso.

177
¿Qué nos esconde el velo del destino?
La Providencia, ¿qué secretos guarda?
Llevo setenta y dos años pensándolo
noche y día, para nada saber.

178
Según dicen, en el último día
Dios hablará encolerizado, pero
sólo el bien va a salir de la Bondad.
No temas, le verás al fin benigno.

179
El vino calmará tu corazón,
los setenta y dos pueblos ya olvidados.
Esta alquimia cultiva, porque un men
de vino va a curar todos tus males.

180
Prohibido está el vino, pero sólo
según el bebedor, la cantidad
y quién bebe con uno. ¿Quién podría
cumpliéndolo beber sino los sabios?

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas