Umar Jayyam: Cuartetas 81-100

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

81
Jayyam, sastre de tiendas filosóficas,
se quemó en el crisol de la tristeza;
la Parca cortó el hilo de su vida,
que alguien vendió con prisa a bajo precio.
82
En primavera busco algún buen prado
con una hurí y la cántara de vino,
y aunque esto está mal visto, así me muera
si en algún paraíso pienso nunca.
83
Bien está el vino rosa en copa roja,
mientras suena el laúd y el arpa gime.
Tales delicias el devoto ignora,
cuando vive a mil farsajs de nosotros.
84
Sin vino y sin copero, ¿qué es la vida?
¿Qué es sin oír la flauta del Irak?
De cuanto hay en el mundo, solamente
es valioso el placer, nada es el resto.
85
Cuidado, amigo, el alma se te irá
tras el velo de Dios y sus secretos;
de dónde vienes no lo sabes, bebe;
adonde irás tampoco, sé feliz.
86
Ya que habrá que partir, ¿por qué la vida?
¿Por que buscar la dicha, lo imposible?
Si hay que irse pensemos en el viaje,
¿por qué despreocuparse de todo eso?
87
Hace un siglo que canto a vino y copas.
¡Oh, devoto, ojalá seas feliz
creyendo que tu maestro es la cordura!
Pero tu gran maestro es mi discípulo.
88
Me llaman depravado y no lo soy.
Oh, santos, me acusáis de violar
las leyes del Corán, aunque no incurro
más que en fornicación y en borracheras.
89
Cediendo a tus pasiones insaciables
te irás igual de pobre que un mendigo.
Piensa en quién eres y de dónde vienes,
piensa en lo que haces, sabe adonde vas.
90
En nuestra vida el mundo es sólo un punto.
Es el caudal del Oxus llanto y sangre,
pena vana el infierno, el paraíso
breve calma que aquí a veces gozamos.
91
Soy esclavo rebelde, ¿y tu poder?
Soy pecador, si sólo obedeciéndote
nos premias, así pagas una deuda;
¿y tu misericordia, y tu bondad?
92
Quien me creó ¿es el del cielo o del infierno?
Una cítara, vino y este ídolo
en un prado son goces muy presentes,
y vives de promesas de delicias.
93
Me piden que no beba, ya que afirman
que el vino es enemigo de la fe;
por Dios quiero beber, puesto que es bueno
que bebamos la sangre de enemigos.
94
La luna rasga el traje de la noche,
bebe, que es un momento raro y bello;
la misma luna seguirá alumbrando,
mucho después de irnos, esta tierra.
95
No achaques a la rueda de los cielos
bien y mal, alegrías y dolor;
porque esta rueda, amigo, está mil veces
más sujeta que tú al amor divino.
96
¿Qué salva de las flechas del Destino?
Vino y gloria no sirven para nada;
he llegado a saber que no hay más bien
que lo que es bueno, lo demás no es nada.
97
Quien no sabe privarse de este mundo
sufrirá la zozobra día a día;
a despreocupación hace feliz,
y todo lo demás tortura el alma.
98
Quien en su pecho siembra la alegría
y no pierde un instante en la tristeza,
si no ha querido complacer a Dios,
el alma se sosiega con el vino.
99
Cuando Dios hizo el barro de mi cuerpo,
sabía todo el fruto de mi vida;
por orden suya, pues, soy pecador,
¿por que iba a arder un día en los infiernos?
100
Si toda la semana bebes vino,
bebe también el viernes, porque Dio
no distingue entre el sábado y el viernes;
hay que adorar a Dios y no a los días.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 61-80

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

61
Más que el reino de Kaus vale un trago,
más que el trono de Kobad y de Thus;
y al alba los suspiros de un amante
más que el gemir de hipócritas devotos.
62
El pecado me ha vuelto feo y triste,
pero el día en que muera de embriaguez
me haré traer más vino con mi amante,
pues ¿a mí qué me importa infierno y cielo?
63
No bebo por placer ni por desorden,
ni por faltar a la moral, no, el vino
me permite vivir fuera de mí.
Sólo por eso bebo hasta embriagarme.
64
Me aseguran que habrá, que hay un infierno.
Se equivocan. Si allí tuvieran que ir
amantes y borrachos, tan vacío
como mi mano fuera el paraíso.
65
Me piden que en los meses de chaban
y de redjeb no beba, por ser meses
de Dios y del Profeta. Pues bebamos
en el de ramadán, que es sólo nuestro.
66
Es ramadán y se prohíbe el vino,
nos privan de costumbres tan queridas…
¡Ay, queda tanto vino en las bodegas
y tanto ardor en las mujeres públicas!
67
Esta caravanera que es el mundo,
entre luz y tiniebla, es el desecho
de cien Djemschid, la tumba que es almohada
de otros cien soberanos como Bahram.
68
Si da frutos la rosa de tu dicha,
toma una copa, amigo, bebe, el tiempo
es terrible enemigo sin piedad,
tal vez un día así no vuelva nunca.
69
En el palacio en que bebía Bahram
paren gacelas y reposan leones;
el que armaba las trampas para onagros
ha caído en la trampa de su tumba.
70
Sobre la hierba lloran nuevas nubes
¡Da vida el vino tinto! Este verdor
alegra nuestros ojos, mas ¿a quién
alegrará el que nazca de mi polvo?
71
Ya que es viernes, en vez de usar la copa
pequeña, bebe vino en un tazón;
y hoy bebe dos tazones, no uno solo,
porque es de la semana el día grande.
72
Corazón, si este mundo te entristece
ya que vas a morir, sobre la hierba
ve a sentarte y alégrate unos días,
que nacerá otra hierba de tu polvo.
73
Este vino que adopta muchas formas,
de animal o de planta, nunca pierde
lo que es su misma esencia, pues por ella
es lo que es, aunque mueran esas formas.
74
El fuego de mis crímenes no humea;
¿quién me socorre? Si aparto la mano
de mi cabeza y tiro de sus ropas,
sé que ninguna ayuda obtengo de ellos.
75
Aquel con cuya ayuda cuentas más,
si lo piensas verás que es tu enemigo;
no trates mucho a amigos, con los hombres
de hoy en día es mejor cierta distancia.
76
Nada eres, nada son los nueve cielos,
vive alegre en tal reino de desorden,
pues nuestra vida aquí es sólo un instante,
y ese instante también es sólo nada.
77
Música, vino y una hurí, si existen;
o un arroyo con hierba, si es que hay hierba,
no pidas nada más, que no hay infierno,
ni hay otro paraíso, si es que lo hay.
78
De la taberna vi salir a un viejo
con el sadjada al hombro, ya borracho.
«¿Qué es esto, anciano?», dije. Respondió:
«Bebe, amigo, que el mundo es sólo viento».
79
Un ruiseñor amante de la rosa
al ver en el jardín rosas y vino
sonrientes, me dijo en su lenguaje:
«La vida que pasó no vuelve nunca».
80
Tu cuerpo es una tienda en la que el alma
es el sultán, al que la nada espera.
Ido el sultán, ferracs alzan la tienda
para plantarla en otro campamento.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 41-60

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

41
Ya que nada será según deseamos,
¿de qué sirve esforzarse, suspirar
tristemente? Nacimos ya muy tarde,
y demasiado pronto es la partida.
42
La rueda de los cielos es adversa,
¿y qué si hay siete cielos o bien ocho?
Lo repito: jamás pienso en dos días,
el día de mañana y el de ayer.
43
No sufras, oh Jayyam, por un pecado.
¿O es que encuentras placer al torturarte?
Dulce perdón se pierde quien no peca.
No hay perdón sin pecado. Di, ¿qué temes?
44
Un velo misterioso oculta todos
los secretos de Dios. Sólo la tierra
es la morada nuestra. Y tal enigma
es igual de difícil de entender.
45
Mucho tiempo he buscado en la inconstancia
de este mundo, hasta ver que palidece
la luna ante el fulgor que hay en tu rostro,
que el ciprés no es esbelto cual tu talle.
46
En mezquitas, madrazas y en iglesias
temen infiernos, buscan paraísos;
pero tal inquietud no afecta a quien
conoce los secretos del Altísimo.
47
Has recorrido el mundo y nada has visto,
nada has oído, el universo es nada;
te encierras en tu cuarto, todo eso
continúa sin ser nada de nada.
48
Soñé que un sabio me decía: «El sueño
no da la rosa de la dicha a nadie».
¿Por qué hacer algo que es como la muerte?
Bebe, ya dormirás bajo la tierra.
49
De saber los secretos de la vida,
sabrías los de Dios cuando murieses;
si hoy teniéndote a ti no sabes nada,
tras perderte a ti mismo, ¿qué sabrás?
50
Cuando cielos y estrellas se consuman,
oh ídolo, yo voy a sujetarte
por la ropa y te haré la gran pregunta:
¿Por qué tras dar la vida das la muerte?
51
No digas tus secretos a cualquiera,
incluso al ruiseñor hay que esconderlos.
¡Cómo atormentas, pues, a los humanos,
que tienen que ocultarse a los demás!
52
El tiempo va a rompernos a los dos,
copero, el mundo poco va a durar;
pero mientras tengamos esta copa,
Dios estará de cierto en nuestras manos.
53
He andado con mi copa entre las flores,
sin ver ningún deseo realizado;
mas no voy a seguir otro camino,
cuando se anda no hay que volver atrás.
54
Dame más vino, que arde el corazón,
y la vida se escapa como azogue.
¡En pie, que la fortuna es sólo un sueño,
la juventud como agua de torrente!
55
Idólatras de amor, no musulmanes,
somos hormigas, nunca Salomón.
Amor que mustia y ropas en andrajos,
el mercado de sedas no es aquí.
56
Alegrarme con vino, así soy yo;
religión y herejías no me interesan.
Novia del mundo, ¿cual será tu dote?
Mi dote es alegrarte el corazón.
57
No merezco ni el cielo ni el infierno;
Dios sabe con qué barro me amasó;
hereje cual derviche, feo, impío,
pobre y sin esperanza de los cielos.
58
Como un perro faldero es tu pasión;
sólo gruñe. Es astuta como el zorro,
procura el mismo sueño que las liebres,
tigre furioso y lobo muy voraz.
59
¡Bellas hierbas las que hay junto al arroyo!
¿Nacieron de los labios de algún ángel?
No las pises, brotaron de aquel polvo
de caras con color de tulipán.
60
El corazón con luz de amor de Dios
puede ir a sinagogas o a mezquitas,
si en el libro de amor está su nombre
no piensa en paraísos ni en infiernos.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 21-40

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

21
¡Oh, rueda del destino! Tu odio asuela.
Desde que el tiempo existe eres tirana.
Y tú, oh tierra, si se hurgase en tu seno,
¡cuántos grandes tesoros se hallarían!
22
En cortos días se agotó mi vida,
igual que pasa el viento del desierto.
Hay dos días que no van a inquietarme:
el que aún no ha venido y el pasado.
23
Es único el rubí, como la perla,
proceden de lugares de excepción;
qué error el nuestro, el verdadero amor
se expresa en un lenguaje inaccesible.
24
Me propongo pasar la juventud
bebiendo vino, pues tal es mi gusto;
no habléis mal de ese zumo delicioso,
que es amargo por ser mi misma vida.
25
¡Oh, pobre corazón, cuyo destino
son penas y tormentos cotidianos!
En mi cuerpo, ¿tú qué haces, alma mía,
si vas a abandonarlo un día u otro?
26
¡Quién sabe si verás el nuevo día!
Pensar en él es ya pura locura;
vive, pues, este instante de ahora mismo
que nadie sabe lo que va a durar.
27
No llames a las puertas, acomódate
al bien y al mal que te hayan concedido;
juega según los puntos de los dados
que arroja el cubilete celestial.
28
Alguien que amó y sufrió ha sido esta cántara,
loco por el mechón de una beldad;
y el asa que ahora ves junto a su cuello
abrazó un cuello de mujer hermosa.
29
¡Tantas albas y ocasos habrá habido!
Por alguna razón giran los cielos.
Ten cuidado si pisas este polvo,
pues fue antaño los ojos de una bella.
30
La Kaaba y el templo de los ídolos,
las campanas, todo es adoración.
El mihrab y la iglesia y el rosario,
la cruz, todo da culto a la Deidad.
31
Todo está en la tableta de lo creado.
No hay bien ni mal en el pincel del mundo.
Dios grabó en el destino cuanto existe.
Cualquier esfuerzo nuestro es, pues, inútil.
32
No diré mi secreto a bueno y malo.
No alargaré mi idea que es muy breve.
No sabré describir lo que estoy viendo.
No puedo revelar este secreto.
33
En nuestra alegre casa hemos barrido
toda falsa moneda. Un viejo dice:
«Bebe, amigo, porque en tu largo sueño
muchas vidas habrá tras de la tuya».
34
Ante la Providencia, resignarse.
Entre los hombres, hay que ser hipócrita;
yo usé todos los medios de la astucia,
pero siempre el destino fue más fuerte.
35
Si un extraño te es fiel, sea un pariente;
si un pariente te engaña, de ti apártalo.
Si el veneno te cura es un antídoto,
si el antídoto daña es un veneno.
36
A todo corazón hiere tu ausencia;
se enamora de ti quien es más lúcido;
y aunque de todos tú te despreocupas,
no hay nadie que no piense siempre en ti.
37
Sin la ebriedad mi dicha es incompleta.
Si bebo, la ignorancia es mi razón.
Mi estado más feliz es intermedio,
medio borracho, pues vivir es esto.
38
¿Por qué destruir la copa quien la hiciera?
Cabezas, brazos, manos, oh hermosura,
todo eso fue creado ¿por qué amor?
¿Y qué odio lo destruye sin remedio?
39
¡Ebrio! Temes morir y odias la nada,
mas de ella brotan ramas inmortales.
El soplo de Jesús reaviva mi alma,
huye de mí la muerte que es eterna.
40
El tulipán florece en el nuruz,
imítale bebiendo con beldades
de mejillas en flor, que como un viento
la rueda azul de golpe va a abatirse.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 1-20

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

Tras la serie de cuartetas de Baba Tâhir Uryân continuamos con otro peta persa, Umar Jayyam, astrónomo, matemático y poeta, faceta esta por la que lo traemos a la paginilla.
En la edición que poseo son 464 las cuartetas atribuidas a Umar Jayyam, unas mas fiables que otras, pero que en realidad tampoco desmerecen unas de otras su lectura.
También hemos incluidos las notas que traen algunas de las cuartetas, aclarando o dando información sobre ellas, se podan leer al final de cada entrada.
Junto con cada entrada (20 cuartetas) iremos poniendo “retales” de una alfombra fabricada -probablemente- en la ciudad iraní de Kashan a finales del siglo XVI y actualmente en el Museo Metropolitano de Nueva York.

1
Esto oí en la taberna una mañana:
«Alegres bebedores, locos jóvenes,
llenemos nuestra copa, como llena
el destino la copa de la vida».
2
Mi corazón te ha preferido a ti,
más que al alma, a los ojos que me alumbran.
Vivir, ídolo mío, es lo más grande,
pero más que a la vida te amo aún.
3
¿Quién te trae esta noche así beoda?
¿Quién te trae hasta aquí y te arranca el velo
como un rápido viento que me aviva
el fuego que en tu ausencia ardía ya?
4
Sólo pena y desdicha conocemos
en este breve mundo, y ni un enigma
se nos explica de la creación.
Morimos tristes por no saber.
5
Permítenos, jadjé, un solo deseo,
no sermonees, llévanos a Dios;
recto es nuestro camino, tú ves mal;
sana tus ojos, déjanos en paz.
6
Ven y para calmar mi corazón
dame por fin la clave de un misterio:
bebamos de esta cántara de vino,
que un día harán con nuestro polvo cántaras.
7
Cuando muera lavadme con más vino;
cantad sobre mi tumba himnos vinosos,
y al final de los tiempos me podréis
encontrar bajo el polvo de tabernas.
8
Nadie va a responderte de mañana,
alegra, pues, tu triste corazón,
bebe en tu roja copa, que la luna
girará mucho tiempo sin hallarnos.
9
Que esté siempre el amante loco y ebrio,
pues la desdicha abruma al que es juicioso;
pero una vez borrachos, deshonrados,
entonces, ¿que más da ya lo que pase?
10
¿Puede el sabio apegarse a los tesoros
ilusorios de un reino de desdichas?
Quien me llame borracho que me diga
si ve en el cielo rastro de tabernas.
11
La palabra sublime es el Corán,
pero sólo se lee de vez en cuando;
hay en cambio en las copas un versículo
de luz que se lee siempre con placer.
12
No condenes al ebrio si no bebes,
que si Dios niega el vino yo le niego;
de no beber te jactas, mas lo que haces
es cien veces peor que la embriaguez.
13
Soy bella y perfumada, mis colores
son los del tulipán, y esbelto el talle
lo mismo que un ciprés: ¿por qué en la tierra
quiso esbozarme el celestial pintor?
14
Tanto quiero beber que olor a vino
exhale de mi tumba, y que quien vaya
a visitarla ya medio embriagado
se desplome borracho ante este olor.
15
Gánate en la esperanza corazones;
en la presencia busca un fiel amigo,
que es más un corazón que cien kaabas.
Deja tu kaaba y busca un corazón.
16
Cuando el vino me alegra el corazón,
ya borracho presencio cien milagros,
y palabras más límpidas que el agua
me explican el misterio de las cosas.
17
Son un día dos pausas, date prisa
en beber, que la vida nunca vuelve;
ya que el mundo sepulta cuanto existe,
imítale y sepúltate en el vino.
18
Entregados al vino, el alma busca
los labios sonrientes de este zumo;
el frasco y nuestra copa alza el copero,
ofreciendo cuanto es puro en su sangre.
19
En un tesoro en ruinas empeñamos alma,
ropas y copa por el vino.
Henos libres de miedos y esperanzas,
libres de aire y de tierra, de agua y fuego.
20
De la fe al no creer no hay más que un soplo,
también de la certeza a tener dudas;
recorramos alegres el camino,
pues un soplo separa vida y muerte.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas