Umar Jayyam: Cuartetas 351-370

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

351
El nacer y el morir, ¿servirán de algo?
¿Qué quedará de nuestras esperanzas?
¿Dónde está el humo de esos hombres puros
que se consumen hasta hacerse polvo?

352
Tú, en cuyos labios hay agua de vida,
no permites besarlos a la copa;
beberé de la sangre de este frasco,pues,
¿cómo a un beso tal osa la copa?

353
Soy tu fruto, y cien años he vivido
gracias a tu clemencia y tu bondad;
si cien años viviera entre pecados,
¿contarían aún más que tu clemencia?

354
Coge el odre y la copa, oh, mi delicia,
y ve en busca de prados y de arroyos,
porque muchas beldades deslumbrantes
fueron odres y copas tantas veces.

355
Vendemos vino añejo y vino nuevo,
y el mundo por dos granos de cebada;
cuando mueras, ¿ya sabes dónde irás?
Dame más vino y vete a donde quieras.

356
¿Cuál es el hombre que no peca?,
dímelo. Sin pecar, ¿cómo habrá vivido?,
dímelo. Si obro mal y con males me castigas,
¿es que no hay diferencia entre Tú y yo?

357
¿Dónde está la de labios de rubíes?
¿Dónde el vino que da sosiego al alma?
El islam lo prohíbe, según dicen.
Bebe, no temas, ¿dónde está el islam?

358
Deja de lado cuanto no es placer,
bebe si escancia una beldad, mas piensa
que es mejor la embriaguez, el propio olvido:
un trago vale más que el universo.

359
Renuncia a la piedad y a los saberes,
arrímate al cabello de una amiga,
y con sangre de vid llena la copa,
que el tiempo ha de verter tu propia sangre.

360
Vive en paz, no te inquietes por el paso
del tiempo; cuando quede hecho jirones
lo que envuelve tu ser, ¿qué más dará
lo que hayas dicho o hecho o mancillado?

361
Tú que has obrado mal y que has buscado
refugio en Dios, jamás has de contar
con el perdón; porque ser pecador
y no haber hecho nada es casi igual.

362
Para tu vida cuenta sesenta años.
No des un paso sin estar borracho.
No abandones ni el odre ni la copa,
que harán una tinaja con tu cráneo.

363
El cielo me recuerda a una escudilla.
Se humilla más a quienes saben más;
más la copa y el frasco son amigos,
se besan, corre sangre entre los dos

364
Barrí con mi bigote la taberna.
¿Qué me importan el bien y el mal, dos bolas
que ruedan por la zanja en la que duermo
borracho, cual dos granos de cebada?

365
La gota de agua llora separada
del océano, y él ríe diciéndole:
«Lo somos todo, que otro Dios ya no hay;
sólo un punto invisible nos separa».

366
Tener o no tener no ha de inquietarme,
vivamos siempre alegres. ;Oh, copero,
llena otra vez mi copa, porque ignoro
si el aire que ahora aspiro exhalaré!

367
Que no te apene nada, no recuerdes
a los que ya se han ido, date a aquella
de dulces labios que es igual que un hada;
bebe siempre y no vivas para el viento.

368
No hables de ayunos, rezos ni mezquitas,
mejor ve a la taberna y emborráchate
bebe, Jayyam, que estás hecho de tierra,
y con ella harán copas y tinajas.

369
Entrégate al rosado vino, oh sabio,
pues de este modo cuando seas polvo
el viento llevará cada partícula,
impregnada de vino, a la taberna.

370
El céfiro hace abrir todas las rosas
y su belleza alegra al ruiseñor;
a su sombra descansa, que mil veces,
nacidas de la tierra, han vuelto a ella.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Ernst Herzfeld, Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 331-350

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

331
Que examinen los sabios este mundo
de polvo e inconstante corazón;
en él sólo verás dos cosas gratas:
el vino de rubí y los bellos rostros.

332
La rueda de los cielos, ese espejo,
que sólo favorece a los malvados,
llena de lágrimas mi cara, y llena
de sangre, como un frasco, el corazón.

333
Anoche, en compañía de una amiga,
la copa era una concha cuya perla
fulguraba de un modo que el heraldo
del sol se despertó y anunció el alba.

334
Olvida el día que ya te han quitado
y el día de mañana que aún no existe;
vive feliz ahora, en este instante,
y no arrojes así tu vida al viento.

335
¿No te avergüenza ser tan corrompido
e incumplir los mandatos de la Ley?
Aunque te apropies todas las riquezas,
¿acaso no tendrás que abandonarlas?

336
He visto a un solitario en el desierto;
ni musulmán ni hereje, sin riquezas,
sin Dios, verdad ni ley, sin certidumbre.
¿Tiene alguien más valor en este mundo?

337
Muchos cavilan sobre las creencias,
hay quien vacila entre certeza y duda,
mas de pronto alguien dice: «¡Oh,
ignorantes, lo que buscáis no está ni aquí ni allá!».

338
Hay un toro en el cielo entre las Pléyades,
y otro toro está oculto bajo tierra;
los que vivís en plena certidumbre,
mirad entre dos bueyes a esos asnos.

339
Bebe menos, me dicen. La razón
de que beba es el rostro de mi Amigo,
el vino matinal; dime si crees
que existe una razón más luminosa.

340
Si como Dios mandara en estos cielos,
otros cielos haría a mi manera,
a fin de que en el mundo el hombre libre
pudiese hacer feliz su corazón.

341
Mi pobre corazón maltrecho y loco
por mi amada está aún ebrio de amor;
mi parte de este vino la sacaron
de la sangre que llena el corazón.

342
Mejor beber y andar tras bellos rostros
que fingir devoción y ser hipócrita;
si quien ama y quien bebe va al infierno,
¿habrá quien quiera ir al paraíso?

343
Desdeña lo que dicen las coquetas,
mas de pulcra mujer acepta el vino.
Todos cuantos vivieron, ¿dónde están?
¿Sabes de alguno que haya regresado?

344
Que las cuitas no empañen la alegría
ni rompa la desdicha nuestro goce
lo que necesitamos es más vino,
una amada y sosiego de vivir.

345
Es hermoso gozar de buena fama,
vergonzoso quejarse de los cielos;
más hermoso embriagarse con buen vino
que jactarse de falsa devoción.

346
Perdona, Dios, mi pobre corazón,
y mi pecho, en que caben tantas penas;
mis pies, que a la taberna llevan siempre,
mi mano, que se alarga hasta la copa.

347
Oh, Dios, que sólo piense en ti, hazme libre
de mí mismo; conozco razonando
el bien y el mal, embriágame y que así
no entorpezcan mi vida estos saberes.

348
Trama girando el cielo nuestra muerte,
ven a sentarte en esta hierba, amigo,
que dentro de muy poco habrá otra hierba
nacida de mi polvo y de tu polvo.

349
Cuando nos deje a ti y a mí la vida,
pondrán ladrillos sobre nuestras tumbas;
luego para cubrir las tumbas de otros
harán con nuestro polvo más ladrillos.

350
Se igualaba a los cielos su palacio
donde vivieron incontables reyes;
en medio de sus ruinas, una tórtola
he visto que gritaba: «¿Dónde están?».

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Pergamon Museum / Vorderasiatisches Museum, Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 301-330

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

301
Aunque bebo, yo no hago mal a nadie,
pues si alargo la mano es por la copa.
Adoro el vino, sí, ¿sabes por qué?
Por no adorarme, como tú, a mí mismo.

302
Te diré entre tú y yo lo que es el hombre:
un ser ruin amasado en triste barro.
Algo come en la tierra algunos días,
hasta que al fin se va y lo deja todo.

303
Mi lugar de oración es la tinaja;
bebiendo me hago digno de ser hombre;
y en la taberna al fin recuperamos
todo el tiempo perdido en las mezquitas.

304
De toda la creación somos el fin,
la esencia misma de lo que Dios ve;
el mundo es parecido a una sortija,
y nosotros su engarce bien labrado.

305
Nos inunda de júbilo el delirio,
alzamos la cabeza hasta los cielos.
Mas henos libres ya de nuestro cuerpo,
devueltos a la tierra, nuestro origen.

306
Si he comido durante el Ramadán
no ha sido por descuido, que el ayuno
me hizo tomar el día por la noche,
y creía estar siempre en el almuerzo.

307
Siempre estamos borrachos, sólo el vino
nos alegra la vida. Deja, pues,
tus consejos, oh necio penitente,
adoramos el vino sin cesar.

308
En esta primavera infringiré la Ley,
y en compañía de beldades
en la hierba echaré vino rosado,
y el prado será un campo de tulipas.

309
Cuando en mí la alegría resplandece
como el sol, me imagino en compañía
de beldades, tomando verde hachís,
antes de regresar bajo esta hierba.

310
Jamás gozamos de una gota de agua
sin que el dolor nos dé amargo brebaje,
ni sazonamos nuestro pan con sal
sin que ésta vuelva a abrir hondas heridas.

311
¡No hagáis ningún ruido en la taberna!
Vendamos el turbante y el Corán
para comprar más vino. Y si pasamos
por la escuela, que sea indiferentes.

312
A la taberna iré todos los días
junto con los hipócritas galandar.
¡Oh, Tú, que nada ignoras, dame fe
si quieres que me entregue a la oración!

313
Ya que nada me importa soy feliz.
No hay comida ni cena, soy feliz.
No hay nada en la cocina, mas tampoco
importuno con ruegos, ¡soy feliz!

314
Sigo atado a las cosas de este mundo,
insatisfecho y avezado a todo;
mas de este bajo mundo nada sé,
aunque tampoco sé nada del otro.

315
Cojo el Corán, con la otra mano bebo,
ya cumpliendo la Ley, ya violándola;
no somos, pues, bajo este cielo azul
ni infieles ni del todo musulmanes.

316
Saludad de mi parte a Mustafá,
y decidle: «Hachemita, con perdón,
¿por qué según la Ley el agrio dug
es lícito y el vino se prohíbe?».

317
Saludad de mi parte a Umar Jayyam,
y decidle: «Ignorante, ¿cuándo dije
que el vino prohibía? Que lo beban
los sabios, sólo al necio lo prohíbo».

318
Tú que ansias tener todos los bienes,
¿no piensas en aquel día terrible?
No olvides que algún día morirás,
mira lo que hace el tiempo con los otros.

319
Tú que resumes todo el universo,
que el eterno copero te dé vino,
y olvida las ganancias y las pérdidas
de este mundo y del mundo venidero.

320
Si algo sabes del círculo sin fin,
sabes que hay dos categorías de hombres:
los que en ellos distinguen bien y mal,
y los que nada saben de sí mismos.

321
Haz que el peso del mundo sea leve,
oculta a todos mis acciones malas;
haz que hoy sea feliz, dame mañana
lo que te dicte tu misericordia.

322
A quien conoce penas y alegrías
todo es lo mismo; el bien y el mal del mundo
han de acabarse, luego ¿qué me importa
que todo sea grato o doloroso?

323
Ya canta el ruiseñor, coge la copa,
que las rosas florecen exultantes;
en estos días véngate por fin
de todos los tormentos que has sufrido.

324
Mira la copa, está encinta de un alma,
como un jazmín que diese raras flores;
pero no es una copa, es agua diáfana
que está preñada de algún fuego líquido

325
Olvídate del mundo y sé feliz,
pasa alegre esta vida de un instante;
de ser siempre dichosos los demás,
tu turno de gozar nunca llegará.

326
Tú que no has visto aún amigos viejos,
que la rueda del cielo no te inquiete;
aprecia lo que tienes, y contempla
sereno los destinos de los hombres.

327
Tú sigue los consejos de Jayyam,
desaconseja, amigo, la oración
y también el ayuno, bebe vino,
roba si quieras, pero haciendo el bien.

328
El mundo es cuerpo, la justicia su alma,
los sentidos los ángeles, los seres
son sus miembros. Tal es la unidad eterna.
Y todo lo demás es sólo engaño.

329
Anoche en la taberna el ser amado
me dio una copa y me invitó a beber.
Le dije: «No, no beberé». Repuso:
«Bebe por el amor que yo te tengo».

330
¿Quieres que el mundo se someta a ti?
Pues fortalece tu alma sin cesar.
Comparte mi opinión: Bebe del vino
y olvida las zozobras de aquí abajo.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Nataly Kovilina, Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 271-300

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

271
Baila, que haremos palmas, y bebamos
con beldades con ojos de narciso;
veinte copas nos dan dicha muy grande,
nadie es feliz del todo hasta sesenta.

272
Nada codicio, luego nada debo
a los hombres y a quienes no lo son;
un Amigo me ayuda, soy quien soy
nos bastamos los dos para vivir.

273
Me acongoja esta rueda de los cielos.
Lucho contra la vil naturaleza.
Mi ciencia no me libra de este mundo
ni sé vivir en él sin inquietudes.

274
¡Cuánta gente dormida en esta tierra!
¡Y cuántos ya devueltos a su seno!
Miro la nada y veo multitudes
que no han venido aún o que se fueron.

275
Eres clemente y no temo a mis culpas.
Tú darás provisiones para el viaje.
Blanqueará mi rostro tu bondad,
¿por qué voy a temer al libro negro?

276
No creas que le tengo miedo al mundo
o a morir. A la muerte nada temo,
ya que es una verdad. Sí tengo miedo
a que mi vida no haya sido buena.

277
¿Hasta cuándo seremos los esclavos
de cada día, ya viviendo un siglo
o unas horas tan sólo? Ven, bebamos,
que en un alfar acabaremos cántaras.

278
Yo estoy siempre borracho en la taberna,
tú, hipócrita, rezando e intrigando.
Bebiendo y en los brazos de mujeres,
me abandono a la ley de mis deseos.

279
La diadema del Khan y la corona
del Kay vendamos para oír la flauta,
el turbante y la seda por más vino,
el rosario que es arma del hipócrita.

280
Si el vino no fermenta en mi cabeza
me da el mundo su triaca venenosa.
Sí, las penas del mundo son veneno,
para él no hay más antídoto que el vino.

281
La injusticia nos hace enrojecer,
este insípido mundo nos consume.
Sé alegre, si eres hombre, que hoy es fiesta,
bebamos vino de color de rosa.

282
Lucho con mis pasiones, mas ¿qué hacer?
Me avergüenza el recuerdo, mas ¿qué hacer?
Ya sé que tu clemencia me perdona,
pero sabes lo que hice. Mas ¿qué hacer?

283
Alma mía, formamos un compás
con dos puntas, mas sólo con un cuerpo.
Ahora gira y un brazo traza un círculo,
pero un día ambas puntas se unirán.

284
Ya que estamos de paso por el mundo,
no renunciemos al amor y al vino.
¿Es creado o eterno? Cuando muera,
¿es que su antigüedad puede importarme?

285
Frecuento la mezquita por deber,
mas no voy a rezar; allí robé
un sadjada que ya está muy ajado;
por eso vuelvo allí un sinfín de veces.

286
Olvidemos las penas y ocupémonos
en beber vino de color de rosa,
que es la sangre del mundo; porque es justo
beber la sangre de nuestro homicida.

287
Por tu amor sufriré cualquier reproche
y el tormento mayor; y si sufriera
hasta el día del Juicio estas torturas,
se me antoja que el tiempo aún fuese corto.

288

Llegamos tarde al círculo del ser
y ya no somos dignos de ser hombres;
nos disgusta la vida, vale más
que acabe pues estamos hartos de ella.

289
Efímero es el mundo, dediquémonos
a la astucia, al placer y al claro vino.
«¡Dios no quiera!», me dicen. Mas si quiere
prohibirlo no voy a obedecer.

290
Cuando la muerte me tenga a sus pies
igual que un pajarillo desplumado,
con mi polvo haced frascos para el vino,
que con su olor reviviré un instante.

291
Advierto que los hombres se apoderan
de cuanto hay en el mundo sin ser dignos.
¡Oh, Todopoderoso, yo no encuentro
más que el envés de mi deseo en todo!

292
Yo soy el que más bebe en la taberna,
también el más rebelde ante la Ley,
y el que borracho por la noche grita
a Dios en mi maltrecho corazón.

293
¡Oh, cuántas noches sin que el sueño acuda
antes de separarnos! Respiremos
una vez más antes que aliente el alba,
que habrá más días cuando no respire.

294
Ven con tu copa llena, que amanece,
rompe el frágil honor como cristal;
olvida afanes vanos, que nos basten
largos cabellos y músicas de arpa.

295
Nos trae cada aliento nuevas penas,
por eso al soplo de la aurora ven
y vacía tu copa, pues habrá
muchos días cuando no respiremos.

296
Aunque fuese el más negro pecador,
tu clemencia no me iba a abandonar,
ya que lo prometiste. No me exijas
aún más males de los que ahora sufro.

297
Si soy borracho, pues lo soy. Infiel,
parsi o idólatra, pues sí, lo soy.
De mí que piensen todos lo que quieran,
me pertenezco y, sí, soy lo que soy.

298
Ebrio he vivido en todos los momentos,
y en la noche del kedre estoy borracho;
beso la copa, abrazo la tinaja,
con el frasco en la mano espero el alba.

299
Contemplo fascinado el vino límpido,
oigo tañer la flauta y el rubab;
si con mi polvo amasan una cántara,
ojalá siempre esté llena de vino.

300
De la nada y del ser algo conozco,
y de los pensamientos más profundos;
pero renuncio a todo este saber
si la embriaguez no es el supremo estado.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta, Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 241-270

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

241
Mi ignorancia y mi nada me atormentan;
me ceñiré el efod sacerdotal;
¿y sabéis por qué causa? Por el modo
como soy musulmán de cuerpo entero.

242
Oh, Jayyam, sé feliz en la embriaguez
o al lado de una bella. Que la nada
es el fin de este mundo, y ya que existes
por lo menos entrégate al placer.

243
En un alfar he visto dos mil cántaras,
con voz o silenciosas. Me decían:
«¿Dónde está el alfarero? ¿Dónde está
aquel que nos compró o que nos vendió?».

244
A un anciano borracho que encontré
le dije: «¿No temes a Dios?». Repuso:
«Toda misericordia viene de El,
anda y haz como yo, bebe más vino».

245
¿Por qué te apenan tanto los reveses?
Ha de sufrir quien piensa en el mañana.
Vive alegre y olvídate del mundo,
que el vino en nada aumenta la amargura.

246
Para mí el vino es agua de la vida,
Elías soy para él. Es como un bálsamo,
un elixir del alma. Dios ya dijo:
«El vino siempre es útil para el hombre».

247
Aunque esté prohibido, bebe vino
mientras suenan el arpa y las canciones;
del que es como el rubí, vierte en la tierra
solamente una gota y bebe el resto.

248
Setenta y dos naciones hay según
su culto, mas mi dogma es el amor.
¿Impiedad, islamismo, culpa? Sólo
pienso en ti, lo demás tanto me da.

249
Más que en mis vicios piensa en mis virtudes,
y perdona por Dios cada pecado;
que la hoguera del odio no reavives,
perdona por la tumba del Profeta.

250
El vino es en la copa limpidez,
en el frasco es un alma transparente;
nada pesado quiero, sólo el vino,
que es un cuerpo a la vez sólido y diáfano.

251
¡Eres ingrata, rueda de los cielos!
Desnudo como un pez siempre me tienes.
Viste al hombre la rueca del que teje,
más caridad demuestra, pues, que tú.

252
No dejes, oh Jayyam, que se entristezca
tu corazón, y bebe al son del arpa
este vino en cristal, porque muy pronto
se romperá el cristal contra una piedra.

253
De quedarnos sin rosa hay las espinas.
Si no vemos la Luz hay el infierno.
Si perdemos el templo y el pontífice
hay la iglesia, el efod y las campanas.

254
Si me niegan la paz vivo en la guerra.
Si tengo deshonor sufro deshonra.
Quien no beba este vino de rubí
merece una pedrada en la cabeza.

255
Desgarra el alba el velo de la noche.
Bebe la copa matinal y alégrate.
Nacerán muchos días que nos miren
cuando todos miremos ya la tierra.

256
Todo el mundo es ficción e imagen vana,
e imágenes así somos nosotros.
Bebe, amigo, y alégrate, que así
te libras de imposibles reflexiones.

257
Si estás en compañía de una bella
de talle de ciprés y piel de rosa,
bebe, que vendrá el viento de la muerte
y hará jirones esta carne tuya.

258
Basta de gritos y gemidos, álzate
y vive cada instante alegremente.
Cuando la hierba cubra el universo
bebe todo el rubí que hay en la copa.

259
Desecha pensamientos imposibles
y corteja a la hija de la vid,
que una hija prohibida es preferible
a la madre que nadie ha prohibido.

260
Arde mi amor por la beldad que el alma
me cautiva. Enmudezco, ¡Qué prodigio!
Me devora la sed, pero ante mí
corre el agua más fresca y transparente.

261
Llena una copa y luego une tu voz
a la del ruiseñor, porque si hubiera
que beber sin más voces armoniosas
el vino al escanciar no se oiría.

262
No desesperes nunca por un crimen
de la misericordia de tu Dios;
aunque murieses hoy borracho, ¿no iba
a perdonar al polvo de tus huesos?

263
¡Oh, rueda de los cielos, soy indigno
de girar en tus círculos! Si sólo
a los tontos e idiotas favoreces,
merezco tu favor, pues no soy sabio.

264
Soy borracho, oh muftí, pero más cuerdo
que tú, que sólo bebes sangre humana,
mientras que bebo yo la de la vid.
¿Quién es más sanguinario de los dos?

265
Lo más cuerdo es buscar dicha en el vino,
sin pensar ni en el hoy ni en el ayer;
librar de la razón al alma nuestra,
prestada y que se queja en su prisión.

266
Cuando huya de la muerte y se desprendan
como hojas secas partes de mi cuerpo,
cribaré alegremente el universo,
como hará el albañil con mis cenizas.

267
La bóveda celeste, que da vértigo,
el universo entero, es un farol.
El sol es su candela, y las pinturas,
nosotros sorprendidos por el pasmo.

268
Me hiciste de agua y tierra, me tejiste
con la lana o la seda, no fui yo.
Si hago el bien o hago el mal es obra tuya,
estoy predestinado, no soy yo.

269
Amigo, no pensemos en mañana,
porque cuando salgamos de esta vieja
mansión tendremos ya la misma edad
que los que hace milenios se marcharon.

270
Bebe siempre, que el vino hace brillar
la fe, la inteligencia, el corazón;
con una sola gota el diablo hubiera
reverenciado a Adán sumisamente.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Koxmonahuta., Imagen.

Notas a las cuartetas