Umar Jayyam: Cuartetas 141-160

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

141
Tan sólo el bebedor sabe entender
lo que el vino y las rosas siempre dicen;
para el necio lo oculto es un misterio.
Sólo el borracho aprecia estas delicias.

142
En la taberna el vino es lo que lava;
el deshonor allí es irremediable;
así, pues, trae vino, ya que el velo
del pudor para siempre se ha rasgado.

143
He aventado una parte de mi vida
sin conocer ningún día feliz.
Ahora temo que el tiempo no me deje
resarcirme de todo ese pasado.

144
Mi corazón no sabe de remedios,
con el alma en los labios, sin su amor,
mi vida ha transcurrido en la ignorancia,
y de este amor aún dura el enigma.

145
En las tierras del alma hay que ser cauto,
silencioso en las cosas de este mundo;
mientras tengamos ojos, lengua, oídos,
vivamos como si no los tuviéramos.

146
Quien medio pan posee y tiene un nido,
quien no es amo ni siervo, que se crea
un hombre muy feliz, puesto que tiene
una dulce existencia en este mundo.

147
No plantes en ti el árbol de la pena,
hojea siempre el libro de los goces,
que el tiempo que te queda en este mundo
no puede ser más fácil de medir.

148
Si obedezco, ¿será mayor tu imperio?
¿Te han quitado grandeza mis pecados?
Dame el perdón, oh Dios, pues sé que Tú
castigas tarde y muy pronto perdonas.

149
Mi mano, hecha a la copa, ¿cómo va
a moverse entre el Libro y el almimbar?
Eres seco y devoto, yo una esponja,
el fuego no podrá inflamar el líquido.

150
No abrazo a una beldad color de rosa
sin que el tiempo me clave alguna espina;
el peine no acaricia sus cabellos
sin que le arranquen antes muchos dientes.

151
¡Quién pudiera beber vino sin tregua!
Y en mi pecho sentir amor por esos
bellos ídolos. Si a ambas cosas Dios
me pide renunciar, no le haré caso.

152
Por nuestra marcha el tiempo se entristece;
de cien perlas sólo una está horadada;
Por ignorancia habrá cien mil ideas
muy profundas que nadie va a expresar.

153
Hace buen tiempo, ni calor ni frío;
la lluvia lava el polvo de las rosas
y parece que grita el ruiseñor
a las flores doradas: «Bebed vino».

154
Una vez a mí mismo sea extraño
y hablen de mí lo mismo que una fábula,
quisiera, oso decir, que de mi barro
hagan jarras de vino para todos.

155
Antes de que te olviden, bebe vino,
que este néctar ahuyentará tus penas,
Y de alguna beldad deshaz los rizos
como se desharán al fin tus huesos.

156
Antes de que te asedie la tristeza
haz que nos sirvan el rosado vino.
No eres de oro, oh imbécil insensato,
de la tierra no van a rescatarte.

157
Nada ha ganado el mundo con mi estancia;
mi partida no va a darle más gloria;
mis dos orejas no han oído nunca
por qué me hacen venir y luego me echan.

158
Nada se oculta al Sabio de los cielos;
siendo hipócrita puedes engañar
a los hombres, no a Él, que nada ignora
de todos los detalles de tus crímenes.

159
A los tristes el vino les da alas,
y de la inteligencia es un lunar;
ya pasó el ramadán, no hemos bebido,
en el mes de chawal será el desquite.

160
Vive alegre, pues día llegará
en que la tierra va a engullirlo todo;
bebe y deja de lado la tristeza,
que tras de ti todos serán sus súbditos.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 121-140

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

121
¿Por qué Dios veda el vino en este mundo?
Un árabe borracho dio un sablazo
a la camella de Hamza. Por eso
nuestro Profeta el vino prohibió.

122
De antiguos goces nada ya conservas,
ni tienes más amigo que esta copa;
ya que es tu único bien, gózalo al menos,
no dejes que se vaya de tus manos.

123
Moriremos y el mundo aquí estará;
no vamos a dejar fama ni huella;
nada faltaba al mundo antes de mí
y nada va a cambiar una vez ido.

124
Quien en pos de riqueza mucho anduvo
por los dos hemisferios, que yo sepa
nunca ha sabido dar la explicación
de cómo son las cosas aquí abajo.

125
El caudal de la vida se nos pierde,
la muerte, ¿a cuántos inundó de sangre?
Del otro mundo nadie ha regresado,
de estos viajeros no tengo noticias.

126
Los altivos señores, agobiados
por las cuitas, jamás se dignarán
llamar hombres a aquellos que no son
esclavos de pasiones igual que ellos.

127
Esta Rueda, que tiene por oficio
la tiranía, nunca alivia a nadie;
donde ve un corazón que está sufriendo
va a añadir otro mal a sus heridas.

128
Toca a su fin la adolescencia, es ida
la primavera del placer, el pájaro
llamado juventud, ay, ¿cuándo vino,
y cuándo echó a volar sin yo enterarme?

129
Coge algún fruto de este torbellino
del mundo, estáte alegre y bebe.
A Dios el culto y el pecado no le importan.
Goza, pues, de cuanto Él te ha concedido.

130
Hay dos o tres imbéciles que mandan
y que creen, ignorantes, ser muy sabios.
Olvídalos, están muy satisfechos
llamando hereje al que no es un borrico.

131
Que haya siempre alegría en la taberna,
que prenda el fuego en túnicas devotas
hechas andrajos, que su lana azul
puedan pisotear los bebedores.

132
¿Te engañan los colores y perfumes?
¿Sigues buscando qué es el bien y el mal?
Aunque fueras la fuente de Zamzam
no hay modo de evitar volver al polvo.

133
No renuncies al vino si lo tienes;
pues las rosas desgarran sus corolas,
cantan los ruiseñores, ¿es posible
renunciar a beber en tal momento?

134
Hasta que con el vino Dios me bañe
y me besen los cielos muchas veces,
este mes que no digan que no beba,
ya que tal cosa Dios no me ordenó.

135
Si eres constante al vino no renuncies,
porque es igual que el agua de la vida;
durante el ramadán, si no se bebe,
al menos olvidemos las plegarias.

136
Cuando muera allanad mi sepultura
para que así sirva de ejemplo a todos;
luego amasad mi polvo con el vino
y haced con ello tapas de tinajas.

137
La tienda de los cielos nos impide
todo saber, pero el copero eterno
en la copa del mundo hizo burbujas
como otros mil Jayyams igual que tú.

138
Goza, porque la pena será larga.
Se juntarán de nuevo las estrellas
y alguien hará ladrillos con tu cuerpo
y así construir palacios para otros.

139
Sé feliz, que vivir es corto viaje;
el alma llorará su cuerpo ausente,
y tu cabeza, sede de pasiones,
el alfarero va a pisotearla.

140
Feliz quien ha vivido oscuramente
sin vestir el djubbeh, el derveh ni el suf,
y que igual que el simurg levantó el vuelo
y no fue un búho entre las ruinas nuestras.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 101-120

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

101
¡Dios de misericordia y de clemencia!
¿Porqué expulsaste a Adán del paraíso?
Misericordia fuera perdonarme
aun siendo pecador, sin obediencia.
102
Cambia la ciencia por la copa, olvida
premio y castigo, piensa en el Kucer,
y vende tu turbante, compra vino,
pon lana en tu cabeza en vez de seda.
103
¿He reunido algún bien, amigo? Nada.
Del tiempo que se fue, ¿qué guardo? Nada.
Nada habrá al apagarse mi alegría.
Soy la copa de Djem, que, rota, es nada.
104
La música y el vino, ¿dónde están?
Feliz quien el sabor del vino evoca.
Tres cosas amo: la embriaguez, la bella
amante y el rumor de la mañana.
105
Se va la vida, sea amarga o dulce.
Perderla, ¿qué más da en un sitio u otro?
Bebe, porque después de ti y de mí
la luna seguirá con sus mudanzas.
106
Pasa la caravana de la vida,
y el tiempo de la dicha pasa así.
Olvidemos las penas del mañana,
bebamos, que la noche se nos va.
107
Quien hizo tierra y cielos, ¡cuánta herida
causó en el corazón! ¡Y cuántos labios
de rubí con cabellos que tenían
olor a almizcle sepultó en el polvo!
108
Que no te engañe el mundo, pues ya sabes
en qué acaba. No arrojes a los vientos
tu vida tan preciosa. Date prisa
en buscar al Amigo, y bebe vino.
109
Dadme más vino, que mi rostro cambie
de amarillo como ámbar a rubí.
Que me laven con vino cuando muera,
y haced con vides parihuela y caja.
110
Cuando ensillaron el corcel de estrellas
y nacieron las Pléyades y Júpiter,
el diván del destino hizo mi suerte.
Siendo así, ¿de qué puedo ser culpable?
111
¡El pan cocido está en manos de crudos!
¡Poseen los incompletos lo completo
Son mi goce los ojos de las turcas,
pero sus dueños son unos esclavos.
112
Me borrarán del libro de la vida,
expiraré en los brazos de la muerte.
Alégrate, copero, y sirve vino,
ya que es forzoso convertirse en tierra.
113
Como aún tengo vida, me parece
que ya he resuelto todos los misterios;
mas, pensándolo bien, sé que mi vida
ya pasó sin que nada haya aclarado.
114
Necios son los que adoran el sadjada,
sometiéndose a hipócritas devotos
que anuncian el islam, pero que son
como idólatras o quizá peores.
115
Cuando corten el árbol de mi vida
y luego con mi polvo se hagan cántaras,
las llenarán de vino, y este polvo
revivirá por lo que lleven dentro.
116
¡Oh, Dios, indiferente a los pecados,
di a quien explique esta cuestión qué absurdo
considera un filósofo creer
que tu presciencia cuadra con la culpa!
117
Sin yo asentir me dieron esta vida,
y mi propia existencia me sorprende;
morimos sin quererlo, y sin saber
el porqué de venir y de marcharnos.
118
Recordando mis culpas, en el pecho
arde un fuego que baña de sudor;
pero cuando un esclavo se arrepiente
el amo generoso le perdona.
119
El alfarero modelando arcilla,
tras pisarla después la abofetea.
¿No piensa que la tierra que así trata
perteneció algún día a un cuerpo humano?
120
Los sabios que recorren altos cielos
en busca del saber más elevado,
igual que el firmamento, boca abajo,
sufren todos de vértigo y ceguera.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
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Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 81-100

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

81
Jayyam, sastre de tiendas filosóficas,
se quemó en el crisol de la tristeza;
la Parca cortó el hilo de su vida,
que alguien vendió con prisa a bajo precio.
82
En primavera busco algún buen prado
con una hurí y la cántara de vino,
y aunque esto está mal visto, así me muera
si en algún paraíso pienso nunca.
83
Bien está el vino rosa en copa roja,
mientras suena el laúd y el arpa gime.
Tales delicias el devoto ignora,
cuando vive a mil farsajs de nosotros.
84
Sin vino y sin copero, ¿qué es la vida?
¿Qué es sin oír la flauta del Irak?
De cuanto hay en el mundo, solamente
es valioso el placer, nada es el resto.
85
Cuidado, amigo, el alma se te irá
tras el velo de Dios y sus secretos;
de dónde vienes no lo sabes, bebe;
adonde irás tampoco, sé feliz.
86
Ya que habrá que partir, ¿por qué la vida?
¿Por que buscar la dicha, lo imposible?
Si hay que irse pensemos en el viaje,
¿por qué despreocuparse de todo eso?
87
Hace un siglo que canto a vino y copas.
¡Oh, devoto, ojalá seas feliz
creyendo que tu maestro es la cordura!
Pero tu gran maestro es mi discípulo.
88
Me llaman depravado y no lo soy.
Oh, santos, me acusáis de violar
las leyes del Corán, aunque no incurro
más que en fornicación y en borracheras.
89
Cediendo a tus pasiones insaciables
te irás igual de pobre que un mendigo.
Piensa en quién eres y de dónde vienes,
piensa en lo que haces, sabe adonde vas.
90
En nuestra vida el mundo es sólo un punto.
Es el caudal del Oxus llanto y sangre,
pena vana el infierno, el paraíso
breve calma que aquí a veces gozamos.
91
Soy esclavo rebelde, ¿y tu poder?
Soy pecador, si sólo obedeciéndote
nos premias, así pagas una deuda;
¿y tu misericordia, y tu bondad?
92
Quien me creó ¿es el del cielo o del infierno?
Una cítara, vino y este ídolo
en un prado son goces muy presentes,
y vives de promesas de delicias.
93
Me piden que no beba, ya que afirman
que el vino es enemigo de la fe;
por Dios quiero beber, puesto que es bueno
que bebamos la sangre de enemigos.
94
La luna rasga el traje de la noche,
bebe, que es un momento raro y bello;
la misma luna seguirá alumbrando,
mucho después de irnos, esta tierra.
95
No achaques a la rueda de los cielos
bien y mal, alegrías y dolor;
porque esta rueda, amigo, está mil veces
más sujeta que tú al amor divino.
96
¿Qué salva de las flechas del Destino?
Vino y gloria no sirven para nada;
he llegado a saber que no hay más bien
que lo que es bueno, lo demás no es nada.
97
Quien no sabe privarse de este mundo
sufrirá la zozobra día a día;
a despreocupación hace feliz,
y todo lo demás tortura el alma.
98
Quien en su pecho siembra la alegría
y no pierde un instante en la tristeza,
si no ha querido complacer a Dios,
el alma se sosiega con el vino.
99
Cuando Dios hizo el barro de mi cuerpo,
sabía todo el fruto de mi vida;
por orden suya, pues, soy pecador,
¿por que iba a arder un día en los infiernos?
100
Si toda la semana bebes vino,
bebe también el viernes, porque Dio
no distingue entre el sábado y el viernes;
hay que adorar a Dios y no a los días.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
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Notas a las cuartetas

Umar Jayyam: Cuartetas 61-80

غیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوری

1048-1131

61
Más que el reino de Kaus vale un trago,
más que el trono de Kobad y de Thus;
y al alba los suspiros de un amante
más que el gemir de hipócritas devotos.
62
El pecado me ha vuelto feo y triste,
pero el día en que muera de embriaguez
me haré traer más vino con mi amante,
pues ¿a mí qué me importa infierno y cielo?
63
No bebo por placer ni por desorden,
ni por faltar a la moral, no, el vino
me permite vivir fuera de mí.
Sólo por eso bebo hasta embriagarme.
64
Me aseguran que habrá, que hay un infierno.
Se equivocan. Si allí tuvieran que ir
amantes y borrachos, tan vacío
como mi mano fuera el paraíso.
65
Me piden que en los meses de chaban
y de redjeb no beba, por ser meses
de Dios y del Profeta. Pues bebamos
en el de ramadán, que es sólo nuestro.
66
Es ramadán y se prohíbe el vino,
nos privan de costumbres tan queridas…
¡Ay, queda tanto vino en las bodegas
y tanto ardor en las mujeres públicas!
67
Esta caravanera que es el mundo,
entre luz y tiniebla, es el desecho
de cien Djemschid, la tumba que es almohada
de otros cien soberanos como Bahram.
68
Si da frutos la rosa de tu dicha,
toma una copa, amigo, bebe, el tiempo
es terrible enemigo sin piedad,
tal vez un día así no vuelva nunca.
69
En el palacio en que bebía Bahram
paren gacelas y reposan leones;
el que armaba las trampas para onagros
ha caído en la trampa de su tumba.
70
Sobre la hierba lloran nuevas nubes
¡Da vida el vino tinto! Este verdor
alegra nuestros ojos, mas ¿a quién
alegrará el que nazca de mi polvo?
71
Ya que es viernes, en vez de usar la copa
pequeña, bebe vino en un tazón;
y hoy bebe dos tazones, no uno solo,
porque es de la semana el día grande.
72
Corazón, si este mundo te entristece
ya que vas a morir, sobre la hierba
ve a sentarte y alégrate unos días,
que nacerá otra hierba de tu polvo.
73
Este vino que adopta muchas formas,
de animal o de planta, nunca pierde
lo que es su misma esencia, pues por ella
es lo que es, aunque mueran esas formas.
74
El fuego de mis crímenes no humea;
¿quién me socorre? Si aparto la mano
de mi cabeza y tiro de sus ropas,
sé que ninguna ayuda obtengo de ellos.
75
Aquel con cuya ayuda cuentas más,
si lo piensas verás que es tu enemigo;
no trates mucho a amigos, con los hombres
de hoy en día es mejor cierta distancia.
76
Nada eres, nada son los nueve cielos,
vive alegre en tal reino de desorden,
pues nuestra vida aquí es sólo un instante,
y ese instante también es sólo nada.
77
Música, vino y una hurí, si existen;
o un arroyo con hierba, si es que hay hierba,
no pidas nada más, que no hay infierno,
ni hay otro paraíso, si es que lo hay.
78
De la taberna vi salir a un viejo
con el sadjada al hombro, ya borracho.
«¿Qué es esto, anciano?», dije. Respondió:
«Bebe, amigo, que el mundo es sólo viento».
79
Un ruiseñor amante de la rosa
al ver en el jardín rosas y vino
sonrientes, me dijo en su lenguaje:
«La vida que pasó no vuelve nunca».
80
Tu cuerpo es una tienda en la que el alma
es el sultán, al que la nada espera.
Ido el sultán, ferracs alzan la tienda
para plantarla en otro campamento.

©  Umar Jayyam, cuartetas.
© Circulo de Lectores, Editorial.
© Museo Metropolitano de Nueva York., Imagen.

Notas a las cuartetas